El zafarrancho perredista y su saldo
Al perredismo identificado con el morenovallismo le salió el tiro por la culata y no tuvo más remedio que ceder ante la presión y los ataques del barbosismo, en lo que fue un intento de albazo en su Consejo Estatal para aprobar la alianza del PRD con el PAN en Puebla.
Los perredistas que integran la Nueva Izquierda (NI), encabezados por Jorge Benito Cruz Bermúdez y el diputado Carlos Martínez Amador, quedaron en ridículo y evidenciados por su falta de capacidad para operar al interior de su partido.
Y es que ayer fueron sometidos por únicamente cinco perredistas identificados con las corrientes Frente de Izquierda Progresista (FIP), encabezado por Eric Cotoñeto Carmona; y por Alternativa Democrática Nacional (ADN), representado por Roxana Luna Porquillo.
Tanto Benito Cruz como Carlos Martínez estaban temblando como gelatina.
Quedaron muertos de miedo cuando inició el show de tres pistas armado por sus correligionarios opositores, quienes le gritaron, manotearon, empujaron y aterrorizaron.
Y lo peor, los perredistas coordinados por Cruz Bermúdez permitieron que sus opositores les tomaran la coordinación del consejo perredista organizado para avalar el tema de las alianzas, particularmente con el PAN.
No pudieron con apenas cinco pelados, quienes por poco hasta los golpean por blandos.
Eso sí, alguien les va a tener que jalar las orejas, los va a tener que zapear y regañar por tontos.
Y es que si hubieran pensado, planeado y calculado bien la realización del consejo perredista la sesión para darle paso a la alianza PAN-PRD habría sido como un día de campo.
Sin embargo, olvidaron que las cosas en el PRD poblano se resuelven por las buenas o por las malas, a patín y guante, a sombrerazos, tal como los perredistas barbosistas están acostumbrados.
Parece que ni a Benito Cruz, ni a Carlos Martínez nunca nadie les dijo que en su partido no hay que pedir sino arrebatar, cuadrarse al opositor y hasta hacer sombra como boxeador.
Y es que mientras Benito Cruz rogaba que no golpearan, los seguidores de Barbosa y Roxana Luna se apoderaron de su evento sin el mayor de los recatos.
El cuerpo de seguridad, la policía y todo su aparato distribuido para precisamente evitar lo que ayer vivo la cúpula perredista de Puebla fue inútil.
¿De qué sirvió que el consejo convocado por Jorge Benito se trasladará hasta el Hotel Gran Misión de la ex hacienda de Chautla si no se defendió ni organizó como debió?
Pero qué necesidad, como dijera el divo de Juárez.
Ayer, lo único que quedó claro fue que Barbosa sigue teniendo el poder del PRD poblano. Más aún si se alía con los huestes de Roxana Luna porque la dupla resultó muy explosiva.
Por cierto, con el zafarrancho perredista registrado ayer en su consejo quedó claro que no hubo ni pacto ni acuerdo alguno entre el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas y el senador perredista, dueño del sol azteca en Puebla, Luis Miguel Barbosa Huerta.
Como buen operador, Barbosa sólo vino al estado -al PRD- a dictar la estrategia a seguir sobre el aval de la alianza PRD-PAN y a mostrar como es el arte del engaño.
O cómo explicar que el sábado pasado el senador arremetió contra la posible liga entre PAN y PRD para la elección de la minigubernatura y al día siguiente acompañó al gobernador a Tehuacán a una gira de trabajo.
¿Quién habrá traicionado a quién?
Al final, a pesar de los gritos, mentadas y sombrerazos en el consejo perredista poblano, será la dirigencia nacional del PRD y su presidente, Agustín Basave Benítez, los que decidan si va o no la mentada alianza en Puebla.
“Pero que asquerosidad es esto”, como dijera el clásico.
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