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El síndrome del tío Lolo

Ni la crisis interna que viven en su partido, ni sucesos como el ocurrido en la Carretera Puebla-Atlixco el pasado 9 de julio, donde se enfrentaron policías y manifestantes de San Bernardino Chalchihuapan azuzados por la diputada federal perredista, Roxana Luna Porquillo, ni mucho menos la aprobación de las cuentas públicas pendientes en el Congreso han sido temas de interés para el resurgimiento de los priistas poblanos.

Los priistas, en su mayoría, han permanecido callados ante cualquier suceso político interesante ocurrido en Puebla.

Y es que el silencio parece su mejor y más fácil salida a su responsabilidad como representantes del pueblo.

Diputados federales, locales, regidores, delegados nacionales y hasta los dirigentes de primero y segundo pelo, con sus honrosas excepciones, permanecen calladitos sin decir nada ante el muy polarizado panorama político en Puebla.

Vamos, padecen del mal del tío Lolo.

Afortunadamente para todos los poblanos la crisis que dejó el caso Chalchihuapan parece que está cediendo y todo vuelve a normalidad. Ya no hace falta que el PRI se moleste en opinar, ni actuar sobre el tema.

Sin embargo, sorprende que la gran mayoría de los priistas poblanos hayan guardado un silencio sepulcral sobre los hechos ocurridos en últimas fechas, el cual demuestra su poco interés por el bienestar de los ciudadanos.

Su actitud, sin duda, se la van a cobrar en las urnas, en los próximos procesos electorales.

El saldo político que dejará la reyerta entre policías y manifestantes de Chalchihuapan será grave para muchos, particularmente para los priistas y todos aquellos actores políticos que se hicieron como el tío Lolo para evitar abordar el polémico caso.

Está visto que el PRI poblano tardará en volver a ser el partido que era antes.

¿Dónde están aquellos priistas que quieren ser gobernadores?

¿Qué fue de los marinistas inconformes con el actual gobierno?

¿Alguien ha visto a Javier López Zavala, el chiapaneco que ama Puebla y que jura ser poblano?

Únicamente Enrique Dóger Guerrero y Rocío García Olmedo, diputados federales priistas, han sacado la cara por su partido en el polémico caso de Chalchihuapan.

Dóger, hay que decirlo, actuó porque tiene la ambición de algún día convertirse en gobernador y vengar sus rencores contra todos sus enemigos, incluidos muchos priistas, aunque se excedió utilizando los medios que controla para saciar sus fines.

No midió las cosas y el problema se le salió de control.

Empero, además de Dóger y de Rocío García, ¿dónde está el resto de los priistas que dice amar a Puebla?

De pronto se los tragó la tierra.

Si eso les importa Puebla, entonces para qué tanto protestan.

Dijera el clásico, “para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo”.

De verdad que muchos de los partidos políticos nos han defraudado.

Y es que exigen los equilibrios, protestan por todo, critican a quemarropa, acusan públicamente y hacen circo, maroma y teatro para nada, sólo para satisfacer sus intereses.

Cuando hay que hablar se quedan callados.

Deberían aprender que lo mejor es no escupir al cielo.

En lugar de reprochar y denostar mejor que se pongan a trabajar.

Eso sí, van a querer que los poblanos voten por ellos en la próxima elección federal y ahí se las van a cobrar.

Es más, si no se ponen las pilas van a volver a perder.

Pobres priistas, no se ve que quieran volver por el buen camino.

Ojalá que el gobierno federal y el PRI nacional los meta en cintura y ya les jale las orejotas.

En Twitter: @poncharelazo