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Alguien ya decidió

El silencio de Mier

El silencio llama la atención porque el senador no es un político de pocas palabras, mucho menos cuando se trata de defender a un compañero señalado

En política, el silencio también es una declaración. A veces es la más elocuente de todas.

El jueves por la noche, la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, acusó en Latinus a la presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, de tener vínculos con el crimen organizado. No presentó pruebas. En menos de 48 horas, el partido entero había salido a defenderla.

Lo hizo la presidenta Claudia Sheinbaum desde la “mañanera”. Lo hicieron el Comité Ejecutivo Nacional, los comités estatales, 24 gobernadores y la jefa de Gobierno, los coordinadores de Defensa de la Transformación, Ricardo Monreal desde San Lázaro y los coordinadores parlamentarios de los 32 congresos locales.

Pero quien no dijo ni pio, incluso en las últimas horas que ha sido evidenciado por ello, es el coordinador de senadores de Morena, Ignacio Mier Velazco. Cuatro días después, en sus redes sociales no hay una sola línea sobre el tema.

El silencio llama la atención porque Mier no es un político de pocas palabras. Mucho menos cuando se trata de defender a un compañero señalado, menos cuando ese compañero es nada más y nada menos que la presidenta de su partido.

Cuando Rubén Rocha Moya fue acusado por la justicia estadounidense de presuntos vínculos con el Cartel de Sinaloa, Mier salió en su defensa una y otra vez, en primera persona y desde su cuenta de X. El 2 de mayo calificó su licencia como “de una consistencia política formidable: verdad y justicia”. Luego remató: “El que nada debe, nada teme”.

El 24 de mayo, tras los citatorios de la FGR, sostuvo que las acusaciones de Nueva York se basaban solo en testigos protegidos. Y en agosto, cuando incluso su propia bancada se había deslindado del fugaz regreso de Rocha a la gubernatura, escribió que el sinaloense “honra su trayectoria”.

La vara, entonces, no es la prudencia. Para Rocha Moya, señalado por fiscales de otro país, hubo defensa inmediata y reiterada. Para la presidenta de su propio partido, acusada sin pruebas por una gobernadora panista, no hubo nada.

El mismo cargo no le impidió defender a Rocha Moya en público ni enfrentar a Maru Campos en otras ocasiones. Y su par en San Lázaro, Ricardo Monreal, que preside la Jucopo de la otra cámara, sí habló ante los medios el mismo viernes.

La otra lectura es política. En los pasillos de Morena se habla de una distancia entre el grupo de Mier y Ariadna Montiel, una de las figuras más cercanas a la presidenta Sheinbaum. Mier no la ha confirmado ni desmentido. Su silencio, sin embargo, le da cuerpo.

El caso, además, no se ha cerrado. Este lunes, el columnista Héctor de Mauleón publicó que Montiel se habría reunido con Aureliano Guzmán, “El Guano”, hermano de Joaquín Guzmán Loera, con base en un reporte de inteligencia. Montiel lo negó categóricamente y pidió derecho de réplica. Si el señalamiento escala, el silencio de Mier dejará de parecer descuido y empezará a parecer cálculo.

Nadie está obligado a opinar de todo. Pero quien coordina la bancada más poderosa del partido en el poder, y quien ha hecho de la defensa de sus compañeros una bandera, sí está obligado a ser consistente.

Con Rocha Moya, Mier dijo que “el que nada debe, nada teme”. Con Ariadna Montiel, la pregunta es otra: ¿qué es lo que el senador no quiere decir? ¿por qué se niega a respaldarla?