El PRI poblano, renovarse o morir
Si el PRI de Manlio Fabio Beltrones tiene vergüenza, calidad moral y sensatez política es justo que ordene ya una renovación de todas sus dirigencias y sus cuadros, empezando por la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) la cual tendría que ser desmantelada y reasignada.
En ese tenor, ante los negros, tristes y lamentables resultados obtenidos por los priistas en la elección del domingo pasado, el máximo líder del partido tricolor en el país, el presidente Enrique Peña Nieto (EPN), tendría que poner la cabeza de Don Beltrone en charola de plata para los lobos de su partido.
De más está decir que para Manlio el 2018 está prácticamente perdido.
Y es que los resultados electorales entregados por el dirigente priista son la peor pesadilla para el mandatario nacional, para el propio PRI.
Porque de todos es conocido que las elecciones que acaban de perder los priistas son el preámbulo del 2018, año en el que será renovada la presidencia de la República y el mandato peñista.
Resulta, entonces, harto peligroso para EPN el pésimo resultado electoral que les entrega Manlio Fabio porque próximamente estará en juego la presidencia.
De las 12 gubernaturas jugadas, el PRI apenas logró ganar 5: Hidalgo, Oaxaca, Sinaloa, Tlaxcala y Zacatecas.
En cambio el PAN se hizo de 7: Puebla, Aguascalientes, Chihuahua, Tamaulipas, Veracruz, Quintana Roo y Durango.
Aunque la noticia más peligrosa para las dos fuerzas políticas del país es que Morena no ganó pero sigue creciendo y avanzando.
Así que ante los resultados avasallantes del PAN, partido que según Ricardo Anaya, su dirigente nacional, “está de regreso y va a recuperar la presidencia de la república”, al priismo no le queda más que renovarse o morir.
Insisto, de entrada tiene la obligación de deshacerse ya de los políticos dinosaurios de siempre, de los discursos engañosos, sosos, cansados, del populismo, del triunfalismo y de todos aquellos políticos corruptos, triunfalistas y traidores que tanto daño le hacen a la vida interna del PRI.
Si en Puebla no se refunda, se reinventa, se limpia y se barre la escoria del Revolucionario Institucional no veo de qué forma podrán competir en el 2018 por la gubernatura de 6 años y menos cómo pretender ganar.
El PRI poblano está en el suelo, tirado, derrotado, aplastado y hecho trizas por el morenovallismo, por las traiciones de sus dirigentes, por las corruptelas de sus propios gobernantes y por sus muy estúpidas decisiones.
El PRI perdió la capital dos y hasta 3 a uno en algunos casos, resultado de la novatez y falta de capacidad de la dirigencia representada por José Chedraui Budib.
Si el PRI se enterca en continuar así, en la cerrazón, en el dedazo, en mandar e intentar gobernar con los mismos, sin duda, no podrán volver a Casa Puebla ni en sueños.
El resultado electoral del domingo es el peor de su historia.
Y ni siquiera Blanca Alcalá Ruiz (BAR), su candidata, es la gran perdedora, no.
Los verdaderos culpables de la derrota tricolor son aquellos que encabezan las distintas tribus priistas, las cuales se han encargado de acabar con su partido.
Qué pena que tras la derrota los priistas más envalentonados durante la campaña ahora callen.
Qué pena por BAR y todo su equipo.
Qué pena que el PRI no piense en otra cosa que no sea empezar una nueva guerra interna, esta vez por el 2018, sin antes hacer una purga en su interior.
Qué lamentable que sean los mismos los que insistan en apropiarse del PRI y de todas sus candidaturas a costa de aplastar a sus propios correligionarios.
Qué pena de partido.
Ojalá que Blanca y la dirigencia priista no se tienen el corazón y solapen las traiciones.
En el PRI deben reconocer que se equivocaron y entregaron los premios de consolación (las delegaciones federales) antes de tiempo.
Ahora es tiempo de que se pidan cuentas y resultados.
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Una izquierda de novatos
Otros que siguen a cabalidad los pasos y el camino de los priistas son los perredistas poblanos.
Sin ir más allá, ni profundizar mucho, el resultado de la elección, distrito por distrito, fue demoledor para la supuesta izquierda que profesa el partido del sol azteca, el equipo del senador Luis Miguel Barbosa Huerta.
A los perredistas no podía haberles ido más mal en el estado.
Mientras ganaron algunas entidades de la mano del PAN, en Puebla por sus caprichos, por los berrinches de Barbosa y por la torpeza de sus lidercillos ahora se quedaron sin nada.
Ni después de haber logrado una sociedad entre el agua y el aceite, entre los Luna Porquillo y el barbosismo, el PRD pudo rescatar algo en Puebla.
En la capital fueron arrasados; en algunos distritos apenas superaron a Ana Teresa Aranda, la ex panista independiente.
En la capital poblana está claro que a los perredistas nadie los quiere porque quedaron en último lugar, hasta la Doña los avasalló.
Los perredistas perdieron la oportunidad de seguir cobrando sin trabajar, de vivir del erario, de hacer los negocios de su vida, de mantenerse como sanguijuelas chupando la sangre de gratis.
Y todo por las escobas y los cacerolazos.
Qué bárbaros.
En Twitter: @poncharelazo
