El PRI otra vez tarde (ahora en el caso Chalchihuapan)
Nerviosos, temerosos y desesperados se encuentran los priistas poblanos, tanto diputados locales como diputados federales, por las repercusiones y saldos que deje en Puebla la consumación del caso Chalchihuapan.
Como sucedió en el escándalo del famoso “Lydiagate” con Mario Marín Torres, “El Góber Precioso”, es un hecho que la polémica desatada por la manifestación de los pobladores de San Bernardino también dejará serias consecuencias para algunos actores políticos locales y nacionales del PRI.
Me explico.
Luego de la histórica derrota electoral que le propinó el gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas, al PRI y a Javier López Zavala, su candidato en el 2010, la manada priista se debilitó, se peleó, se fragmentó y se dividió por completo.
Ante la aplastante derrota morenovallista, muchos de los priistas que vieron afectados sus intereses con el derrocamiento de su partido tuvieron que vender su alma al mejor postor.
Los entonces diputados locales y federales priistas se quedaron sin cobijo y sin una fuente de recursos que los pudiera apoyar cuando lo necesitaran.
Entonces se acercaron y negociaron con el nuevo gobernante del estado, a quien le prometieron lealtad incondicional y apoyo total e irrestricto.
La viveza y capacidad de operación política del mandatario poblano le permitió mantener a raya a priistas, a verde ecologistas y al resto de sus aliados, quienes lo apoyaron para hacerse de Casa Puebla.
El PRI tardó mucho para entender su cruel derrota, su nueva realidad y su orfandad ante los ojos ciegos del presidente de la República, Enrique Peña Nieto, quien por mantenerse pendiente de la aprobación del Pacto por México y del impulso y aprobación de las famosas reformas estructurales descuidó Puebla.
Los priistas no pudieron con el batallón electoral morenovallista y sucumbieron ante su embestida en los últimos procesos electorales, en los que perdieron diputaciones federales, locales, presidencias municipales y regidurías.
Los priistas reaccionaron tarde y a la fecha siguen a la expectativa de lo que suceda en su partido, de lo que se tiene que hacer cuando sucede algo en Puebla. Eso sí, si no les tiran línea entonces siguen su instinto que es el de aliarse con el poder para conseguir prebendas.
Es por ello que muchos priistas se volvieron aliados del gobernador, Rafael Moreno Valle, quien los sumó como unos colaboradores más de su gobierno y de su nueva forma de administrar el estado.
Casualmente, los diputados federales que ofrecieron ayer una conferencia de prensa en San Lázaro son, en su mayoría, algunos de los priistas que han sido aliados del gobierno del estado y del inquilino de Casa Puebla.
¿Cómo entender ahora su crítica postura?
Y es que tuvieron que pasar casi 20 días para que fijaran una posición y lanzaran una exigencia sobre el caso Chalchihuapan.
Otra vez esperaron línea.
¿Qué no tuvieron antes una postura personal?
Qué extraño.
Ah, perdón, es que se mueven conforme conviene a sus intereses, lo había olvidado.
Es evidente que a estos flamantes diputados su poca capacidad, sus intereses políticos y económicos en Puebla no les permiten margen de maniobra, mucho menos pelearse con su aliado.
De entrada, en la conferencia de prensa en la que exigieron las cabezas de Luis Maldonado Venegas y de Facundo Rosas Rosas, secretarios General de Gobierno y de Seguridad Pública, respectivamente, no fue apoyada por la bancada de legisladores poblanos completa.
Únicamente estuvieron presentes Carlos Sánchez Romero, Filiberto Guevara González, Jesús Morales Flores, Rocío García Olmedo, Josefina García Hernández, Enrique Dóger Guerrero, José Luis Márquez Martínez, Isabel Allende Cano, Víctor Díaz Palacios y María del Carmen García de la Cadena.
Estuvieron sólo 10 de los 14 diputados federales priistas.
Los ausentes fueron Soraya Córdova Morán, Javier López Zavala, Lisandro Campos Córdova y Laura Guadalupe Vargas Vargas.
Y lo peor, pusieron a leer su comunicado a Carlos Sánchez, su dizque coordinador de bancada, quien da pena cada que intenta dar lectura a cualquier documento.
El diputado federal tartamudeó, confundió las palabras, se puso nervioso, tropezó en cada línea leída y terminó haciendo el ridículo ante la prensa nacional.
No veo cómo el PRI, su dirigencia estatal, nacional, sus bancadas en el Congreso de la Unión y sus líderes puedan derrocar al gobernador, Rafael Moreno Valle, si no tienen la venia del presidente Enrique Peña Nieto.
Se me hace que van a tener que seguir esperando.
En Twitter: @poncharelazo
