El poder te hace perder tu personalidad, advertía Cárdenas en una plática con La Jornada de Oriente
“El poder es muy envolvente” y acaba llevando a muchos políticos a “hacer cosas terribles”
“El mayor reto en la política es no despersonalizarse… el poder es muy envolvente, a muchos los hace perder sus valores personales y acaban haciendo cosas terribles”, es lo que, palabras más, palabras menos, decía Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano en un par de breves pláticas informales que el líder moral de la izquierda sostuvo con el autor de esta columna. Corría la contienda presidencial del año 2000 y una de esas conversaciones se enfocó en el desgaste físico y emocional que implicaba pasar semanas enteras recorriendo todo el país.
La campaña electoral, la primera del presente siglo, iba a la mitad y Cárdenas estaba de gira en el sur del estado de Puebla, en su calidad de candidato de la coalición Alianza por México, que la formaban cinco partidos, entre ellos el PRD, el PT y Convergencia por la Democracia, que era la agrupación naciente de Dante Delgado Rannauro.
Luis Miguel Barbosa era el entonces presidente estatal del PRD en Puebla y fue quien pidió a este columnista acompañar a Cárdenas en un par de recorridos, entre Atlixco y la ciudad de Puebla, y entre la capital y Tehuacán. En el segundo periplo también participó el periodista radiofónico Carlos Martín Huerta Macías.
Rumbo a Tehuacán, en donde supuestamente se realizaría una entrevista con el candidato, Cárdenas se mostró amigable, sonriente y por momentos bromista, algo que contrastaba con su imagen solemne que mostraba en todos los actos públicos. Un día antes el autor de estas líneas había visto al aspirante presidencial caerse de cansancio, luego de terminar un mitin nocturno en la plaza principal de Atlixco.
“¿Cómo le hace, ingeniero, para reponerse del agotamiento? Ayer lo vi muy cansado y hoy lo veo muy bien”, le preguntó este tecleador en el privado del autobús de campaña.
Muy serio, el aspirante respondió algo así: hay técnicas para resistir, hacer ejercicio, no desaprovechar ninguna hora de sueño y tomar clorofila. Y luego enfatizó, palabras más, palabras menos: “…pero lo más importante, la parte esencial, que es un secreto… es tomar diariamente vitamina P”.
“¿Esa cuál es ingeniero?”, preguntó de inmediato Carlos Martín Huerta, a lo que, con una suave sonrisa, contestó el fundador del PRD: “La vitamina de la ambición del poder… esa hace que cualquiera se levante de la cama aunque ya no tenga fuerzas”.
Luego, en un tono reflexivo, comentó que el desgaste físico no era el problema mayor, sino el reto al estar buscando la Presidencia de la República era “no despersonalizarse”. Y dijo en un tono tajante “el poder es muy envolvente” y acaba llevando a muchos políticos a “hacer cosas terribles”.
De ahí saltó a platicar una anécdota muy peculiar. Narró que un día, al inicio del sexenio que duró de 1976 a 1982, el presidente José López Portillo lo invitó a cenar en Los Pinos, junto con un destacado jurista que ya había sido titular de la extinta Procuraduría General de la República, quien se hacía acompañar de su esposa.
En la parte final de la reunión, López Portillo se dirigió al abogado y le expresó algo así: “¿Cómo es posible que no sea parte de mi gobierno…?, lo necesito colaborando conmigo”. Y luego le dijo que se había enterado de que le gustaba mucho hacer deporte.
El exprocurador rápido le contestó que sí, que le gustaba mucho ejercitarse.
Entonces, el presidente –con una enorme sonrisa– le comunicó que lo nombraría subsecretario del Deporte y la Juventud. Le dijo que quería echar a andar un proyecto para que todos los estudiantes de México realizaran mucho ejercicio.
López Portillo sugirió anunciar su designación en medio de una actividad deportiva.
Fue entonces cuando intervino Cárdenas, quien en ese entonces era senador con licencia y subsecretario Forestal, y le propuso al mandatario que se podía hacer una carrera en unos viveros de Coyoacán, que acababan de ser arreglados.
El mandatario mandó llamar a un miembro del Estado Mayor Presidencial y le dio órdenes concretas: al otro día, en los viveros de Coyoacán, saldría a correr con varios miembros del gabinete y pedía que se convocara a los reporteros de la fuente para comunicarles, al concluir el trote de algunos kilómetros, el nombramiento del nuevo titular del Deporte.
Minutos más tarde, después de la cena y de despedirse del presidente, en un elevador, Cárdenas presenció un fuerte reclamo de la esposa del exprocurador, que le dijo a su cónyuge algo parecido a lo siguiente: “¿Y a ti, desde cuándo te gusta hacer deporte? Si ni siquiera sales a caminar”.
A lo que el jurista replicó: “Yo no le podía decir que no al presidente”.
Al otro día llegó López Portillo a los viveros en ropa deportiva y haciendo alarde de su condición física, algo muy característico de él.
La carrera empezó. El presidente llevaba a su lado al jurista, que desde los primeros metros se empezó a sofocar. Al llegar al final del recorrido, López Portillo preguntó dónde estaba el exfiscal, a lo cual le respondió un militar: está en una ambulancia, desmayado.
Final de la gira
Ya en Tehuacán, era mucha la gente que esperaba a Cuauhtémoc Cárdenas y prevalecía el desorden en el mitin del zócalo de esa ciudad. En medio de una leve lluvia terminó el acto, el candidato se marchó y no se realizó la entrevista prometida.
Este autor y Carlos Martín Huerta nos regresamos mediante un aventón que nos dio la periodista Pilar Pineda, quien era colaboradora de la entonces diputada del PRD Susana Wuotto Cruz.
Al final valió la pena la conversación con un líder político que siempre fue congruente con su ideario político de izquierda, nacionalista, que se alejó de los excesos del poder. Un hombre que, sin ser presidente, cambió el sistema político mexicano.