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El pavor de Genoveva Huerta a Lalo Rivera

Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc

El proceso electoral intermedio apunta para ser la fecha de la extinción del oscuro régimen morenovallista.

Para nadie es un secreto el tortuoso camino al desierto que el grupúsculo de hampones y corruptos emprendió tras la muerte del siniestro Rafael Moreno Valle el 24 de diciembre del 2018.

Solo falta repasar el presente de las viudas y huérfanos que dejó el extinto priista en la aldea.

Eukid Castañón, el “todopoderoso” operador y en veces sicario de Rafael, está recluido en una celda del Pena de Tepexi de Rodríguez acusado de extorsión, amenazas de muerte y lavado de dinero; Luisito Banck, el espurio alcalde de Puebla capital, tuvo que exiliarse en Oaxaca para cobrar un sueldito como asesor del gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat; Marcelo García Almaguer, el señor del “tripack” y cabildero con los medios de comunicación, se tuvo que hincar ante el barbosismo y asumió su rol de tonto útil de Gabriel Biestro, presidente del Congreso del estado.

Omar Blancarte y Luis Maldonado dejaron de existir por las enfermedades que los aquejaban.

Roberto Moya, el ingeniero de la maquinaria financiera morenovallista, optó por venderse a la 4T a cambio de descifrar la Ruta del Dinero de los gobiernos panistas; Tony Gali, entendió tras una semana de mensajes sicilianos que era mejor el retiro que un desgaste político y jurídico innecesario; Jorge Aguilar Chedraui, José Juan Espinosa y Eduardo Tovilla, viven prendiendo veladoras esperando la llegada de los judiciales con orden de aprehensión en mano.

Patricia Leal, Max Cortazar, Mario Rincón, Jesús Rodríguez Almeida, Pablo Rodríguez Regordosa, Sagrario Conde y Diódoro Carrasco, desparecieron del mapa conscientes de todas las pillerías cometidas y los millones de pesos depositados de manera ilegal en sus cuentas bancarias, que ya son rastreadas por las unidades de Inteligencia Financiera federal y local.

De más está mencionar las razones por del descenso al infierno del morenovallismo.

Sin embargo, existen algunos obnubilados como Genoveva Huerta, quien se aferra a mantener con vida al grupo, junto con el marinismo, que más daño le ha hecho a la entidad poblana al dejarla hundida en una crisis severa de inseguridad, con la entrada del narcotráfico, deudas de obras inservibles impagables y un déficit en las políticas públicas de desarrollo social y bienestar ciudadano.

Y es que, la presidenta estatal del PAN piensa, ilusamente, que el 2021 será el año del renacimiento del morenovallismo, que no es lo mismo que el resurgimiento del Partido Acción Nacional en el estado.

“La Jefa” Geno trabaja, única y exclusivamente, para sus fines personales y de su grupo de liliputienses que la acompañan en el Comité Directivo Estatal como Francisco Fraile, Rocío Aguilar Nava, Oswaldito Jiménez, Luis Olmos y su novio Irving Vargas, y no para el albiazul, pues, como buena alumna del siniestro Moreno Valle, la lideresa charra del partido de derecha ya está intentando excluir a los verdaderos panistas de las candidaturas que serán repartidas en los comicios intermedios del próximo año.

Huerta Villegas no es que tenga algún tema personal con personajes como Eduardo Rivera o Ana Teresa Aranda o Humberto Aguilar Coronado, lo que, Genoneva tiene, en realidad, contra este grupo de panistas de cepa y no de ocasión, como lo fueron los morenovallistas, es un pavor inmenso de perderlo todo en el 2021.

A pesar de su obesidad mental y sus carencias naturales, Genoveva Huerta, quien no dejará de ser la marioneta que siempre fue aunque ahora sus hilos se mueven desde la Ciudad de México, sabe perfectamente que si la candidatura a la alcaldía de Puebla cae en un perfil ajeno a los morenovallistas, como podría ser Eduardo Rivera, tendría un pie afuera del CDE panista y con ello un pie adentro del Penal de San Miguel por todos los desvíos de las prerrogativas realizados a su paso por la dirigencia del partido azul.

La embestida inverosímil de “La Jefa” Geno contra Rivera Pérez, quien se perfila a ser el otra vez el abanderado de Acción Nacional en la Angelópolis al ser el aspirante con mejor rentabilidad electoral, al acusarlo como una persona cercana al gobernador Miguel Barbosa y con fuertes nexos con Morena, no es más que la confirmación del miedo que la aviadora de la SEP les tiene a los panistas de linaje, quienes siempre han trabajado por el partido y no por intereses ajenos a este.

La falta de capacidad, lo marginal y lo radical han llevado a Genoveva Huerta a un escenario en el que la gran parte de los liderezgos del PAN la quieren fuera del Comité Estatal.

En un año y medio, la visitante del mirador de Los Fuertes ya se peleó con Mónica Rodríguez Della Vecchia, con Jesús Zaldivar, con Mario Riestra, con Ana Teresa Aranda, con Humberto Aguilar Coronado, con Roberto Grajales, con Eduardo Rivera, más los que se acumulen.

¿Con esta lideresa tan pequeñita, en serio, el PAN quiere recuperar los puestos de poder perdidos en 2018?

La extinción del morenovallismo, aunque Genoveva Huerta se niegue a verlo, ya tiene fecha.

El destino de estos hampones no podía ser otro.

El 2021 los espera.