El miedo no anda en burro
¿Hasta qué grado la corrupción, el tráfico de influencias, el desvío de recursos, la opacidad, el manejo discrecional de los dineros que obtienen amparados en una incierta legalidad y el desaseo administrativo estarán incrustados en las juntas auxiliares, para que el miedo de sus presidentes a regularizar sus funciones sea inconmensurable?
¿Cuánto dejará -mes con mes- ser edil de una de las 17 Juntas Auxiliares en Puebla?
¿Cuál es el mérito de estos “funcionarios públicos”, como para exentarlos y no someterlos a la Ley de Transparencia?
¿Qué beneficios directos obtienen los ciudadanos al elegir a uno o a otro personaje como edil auxiliar?
¿En qué le ayuda, a usted amigo lector, el edil de su demarcación?
¿Si ser presidente auxiliar no es un jugoso negocio, entonces por qué y para qué se disputan y se comprometen al cargo todos aquellos que desean asumir tal función?
Son muchas las interrogantes que las autoridades de este tipo han evadido para no justificar la exigencia de que sus “gestiones” se mantengan al margen de la ley.
La propuesta para regular y meter en cintura a los ediles auxiliares es, a todas luces, urgente y necesaria.
No es posible que la Auditoría Superior del Estado (ASE) esté impedida, o se mantenga al margen de los nidos de corrupción y mafias en que se han convertido las Juntas Auxiliares, donde se trafica hasta con documentos oficiales, como las actas de nacimiento.
Y es que estas demarcaciones, junto con sus autoridades, sólo han sido utilizadas como trincheras electorales cada que existe una elección local y/o federal.
Históricamente han sido espacios públicos que han significado jugosos premios a los paleros y operadores de los presidentes municipales que han pasado por los distintos ayuntamientos poblanos.
Para nadie es un secreto que los ediles auxiliares se convierten en los principales promotores del voto en cualquier proceso electoral. Son utilizados por partidos y gobernantes en turno a cambio de canonjías de todos tipos.
Empero, a nadie espanta este hecho, lo grave es que los ediles auxiliares hagan de sus demarcaciones un negocio personal que no está regulado, ni amparado por la ley.
Ahí están como ejemplo dos ediles auxiliares que, se dice, han utilizado sus respectivos cargos para saciar sus intereses personales por encima de los habitantes de sus circunscripciones.
Alejandro Lázaro Martínez y Juan Manuel Colín García, ediles auxiliares de Ignacio Zaragoza y San Baltazar Campeche, respectivamente, son el vivo ejemplo de la corrupción y el abuso del poder.
Lázaro Martínez, pasó de ser un humilde antorchista a un ambicioso empresario, un prepotente funcionario y un golpeador de mujeres.
Una vez que logró posicionarse como edil auxiliar empezaron sus pachangas, sus farras y sus excesos. A Lázaro le pasó aquello que “el que no tiene y llega a tener, loco se quiere volver”.
Amparado en una supuesta amistad incondicional con el gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas, el edil de Zaragoza hizo lo que quiso como funcionario público.
Vamos, tuvo la osadía de abrir el bar denominado “Barcelona” en su propia demarcación y amenazar a todo aquel que le echara en cara sus aparentes corruptelas.
Testigos de los hechos existen y están muy cerca de él.
¿Con qué calidad moral hoy pide Lázaro Martínez desechar las reformas a la Ley Orgánica Municipal para regular las Juntas Auxiliares?
¿A poco está pensando dejarnos herencia?
Historias, anécdotas y chismes sobre el citado personaje y sus juergas hay muchas, ya las iremos contando.
Sobre Juan Manuel Colín, por cierto, también hay mucho qué decir.
Su excesiva afición al rey de los deportes -el beisbol- y al alcohol son su perdición.
No hay vecino de San Baltazar que se queje de Colín, marinista, a propósito, de hueso colorado, por sus excesos y abusos de poder.
Bien dicen, Dios los hace y ellos se juntan.
El caso es que Juan Manuel Colín es toda una joyita. Famoso, sobre todo, por aquel evento ocurrido en el Bar “Dyangos”, ya desaparecido, en septiembre de 2011, cuando elementos de la Secretaría de Seguridad Pública realizaron un operativo al interior y exterior del lugar para asegurar a cuatro narcomenudistas.
Los detenidos en aquel evento fueron presentados ante la PGR y aunque nunca se comprobó la versión en el escándalo se dijo que uno de los detenidos era el edil auxiliar de San Baltazar.
Eso sí, por aquello de las cochinas dudas Colín promovió, entonces, el amparo 334 / 2012 en el Juzgado Segundo de Distrito.
La versión de su detención, insisto, nunca se comprobó pero eso sí, la duda sobre el angelito ahí quedó.
En twitter: @poncharelazo
