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El IEE, entre el cielo y el infierno

Un papel protagónico y estelar es el que juega el Instituto Electoral del Estado (IEE) en el proceso que se vive en Puebla, y que culminará el próximo 7 de julio.

Su participación en esta novela electorera será de las más importantes, sin duda, junto con la del Instituto Federal Electoral (IFE), organismo que se mantiene atento y apoyando las acciones de la dependencia que encabeza, Armando Guerrero Ramírez, consejero presidente del IEE.

La importancia del trabajo del IEE es vital para todo mundo: Para los candidatos, partidos políticos y el resto de los poblanos; para los gobernantes en turno (federal, estatal y municipal), particularmente.

Los intereses que se juegan en la próxima elección son muchos.

El actual instituto electoral poblano tiene una responsabilidad del tamaño del mundo. Está obligado a garantizar un proceso electoral limpio, transparente, sin tendencias, ni favoritismos y totalmente imparcial.

Sobre todo, porque en los últimos años el organismo fue utilizado como una dependencia de trámite que sólo convalidaba las decisiones del entonces dueño de Puebla, el ex gobernador.

Sin embargo, hoy las cosas tienen que ser diferentes.

O al menos así deberían ser por el cambio tan rimbombante que se ofreció al inicio de la actual administración.

Se supone que el IEE fue renovado precisamente para garantizar que fuese un instituto autónomo, independiente y pulcro en su actuar.

Una dependencia libre de pecado.

Hoy, el IEE, se encuentra entre el cielo y el infierno.

Y es que el instituto cuenta con basta experiencia, o eso se supone, para no fallar.

Allí están los consejeros, Olga Lazcano Ponce, Fidencio Aguilar Víquez, Paul Monterrosas Román y Dalhel Lara Gómez.

Los cuatro fantásticos consejeros cuentan con la experiencia suficiente como para garantizar la legalidad e imparcialidad del IEE.

Ya vivieron la presión, el abuso y el infierno que les hizo pasar el ex gobernador, Mario Marín Torres, a través de sus emisarios.

Ahora no sea que ellos hagan lo mismo.

Tal vez por eso resulten extrañas las declaraciones de la consejera, Olga Lazcano, quien a título personal emitió una opinión que puso en jaque la credibilidad del organismo para el que trabaja.

El haber confirmado que el maltrecho abogado, director de la Facultad de Derecho de la BUAP, Guillermo Nares Rodríguez, no está impedido para continuar siendo la propuesta de José Antonio Gali Fayad, candidato de Puebla Unida, para síndico fue un grave error.

Esto habría demostrado un grave síntoma de parcialidad en el organismo electoral.

Afortunadamente, la consejera, Olga Lazcano, no es todo el IEE y, seguramente, se le va a corregir la plana.

Empero, el error no estriba en si Nares es o no elegible, sino en las atribuciones que se tomó la citada consejera, quien pasó por alto que el tema debe ser analizado al seno del IEE de forma colegiada, dígase por todo el Consejo General en pleno.

Ante los hechos, el consejero presidente, Armando Guerrero, debe tomar cartas en el asunto y poner orden en la casa de la democracia, como bautizara al IEE el malogrado ex consejero, Jorge Sánchez Morales.

El titular del IEE debe evitar que el organismo que preside se convierta en un cochinero, tal como lo mantuvo su antecesor, toda vez que tiene una elección, la más competida e importante en la historia de Puebla, tal vez, a cuestas.

Por cierto, me aseguran que existen muchos detalles en el IEE y su estructura que podrían ser aprovechados por la coalición Mover a Puebla (PRI-Verde) para continuar evidenciando algunos otros errores en el mentado instituto.

La tarea y responsabilidad de Armando Guerrero y el IEE, en general, es mucha.

Por favor, señores consejeros del IEE, no nos vayan a fallar.

En twitter: @poncharelazo

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