El bien intencionado pero fracasado debate, y los universitarios con Barbosa
Mientras Luis Miguel Barbosa Huerta caminó y concluyó ayer una larga jornada de su campaña arropado por los universitarios poblanos, quienes abarrotaron sus diferentes actos, sus adversarios asistieron a un debate soso, que no prendió y que quedó a deber.
Y es que los candidatos rezagados siguen siendo planos, cuadros y muy grises.
De entrada, ayer quedó claro que el abanderado del PRI, Alberto Jiménez Merino, por más experiencia que tenga como funcionario público en el trabajo del campo, por más buena gente que pudiera ser es un muy mal candidato.
Un político limitado precisamente al tema del campo, el cual domina a la perfección, sí, pero hasta allí, y nada más.
Insisto, no prende, no anima, ni motiva al electorado a votar por el PRI.
Y si a esto agregamos que es amigo de Mario Marín Torres, el gober precioso, con quien se dejó ver y se estuvo pavoneando al inicio de su campaña la cosa está de la fregada.
En el debate, Alberto Jiménez siempre tuvo en las manos su tumba burros porque parece que no memorizo ni razonó los distintos temas que aquejan a los poblanos y que ahogan el estado.
Habla muy pausado y eso refleja inseguridad, incluso parecía nervioso al momento de hacer sus exposiciones.
A Merino le cayó la maldición priista que últimamente tiene a su partido sumergido en el olvido político-electoral.
El resultado de la próxima elección será el reflejo de lo que la sociedad piensa y quiere del instituto político que gobernó el estado por más de 70 años.
El candidato priista es, sin duda, la consecuencia de los vicios, excesos y corrupción que llevó al PRI al ocaso.
En cambio, a Enrique Cárdenas Sánchez, candidato del PAN, fue al que más le convino el mentado debate.
Un debate que tuvo un foro muy pobre, la mínima atención de los ciudadanos porque además sólo se transmitió por internet y por la cuenta @DCiudadanosMX, que tiene apenas, al menos en twitter, mil 666 seguidores.
Cosa que no benefició para nada ni al ejercicio que se intentó, ni a las aspiraciones de Enrique Cárdenas ni a las de Jiménez Merino.
Al ex rector de la Udlap se le vio más suelto, más tranquilo y muy fluido en sus manifestaciones.
Cárdenas, hay que subrayarlo, es un buen orador, sabe captar la atención pero lamentablemente los yerros cometidos a lo largo de su campaña han sido para él como dardos envenenados.
Su beca del Conacyt, su rechazo a los partidos, incluidos los que abanderan sus aspiraciones, así como el tema de la guerra sucia que la empresa que lleva su campaña (Indatcom, proveedora del gobierno de Zapopan, Jalisco, y patrocinada por el gobernador del estado de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez), han sido bombas que han minado sus intenciones.
Porque Cárdenas es, sin duda, un buen hombre y un académico de prestigio pero un muy mal político.
Un personaje que toma revancha, como siempre se ha hecho en el actual régimen político y de gobierno, por no haber logrado sus pretensiones.
El candidato albiazul tiene, antes de cualquier otra cosa en la campaña, la intención de tomar venganza contra el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y de Miguel Barbosa por haberle negado y arrebatado la candidatura de Morena al gobierno.
Esto, desde luego, habla mal del ex rector, quien se dice un personaje netamente ciudadano y libre de cualquier compromiso.
Enrique Cárdenas llegó al PAN, además, en un muy mal momento.
Cuando el partido que recién gobernó Puebla se dividió y se enfrentó por la muerte de los Moreno Valle.
Me pareció ocioso, ventajoso e inútil, en el debate donde no hubo ni debate, que mencionaran a Miguel Barbosa en cada participación, que lo cuestionaran si desde siempre se supo que no llegaría al debate organizado por la cúpula empresarial poblana.
Esto evidenció, o mostró, que lo que se quería era girar el evento en torno al candidato puntero para tratar de colgarse de alguna forma de su arrastre.
Tal vez por ello el mismo Miguel Barbosa decidió no asistir al evento en el que se quería exhibirlo, agredirlo y golpearlo.
El candidato de Morena hizo bien en darle prioridad a su día con los jóvenes, con quienes se sentó a hablar, a intercambiar ideas y a comunicarse para otorgarles su lugar en el gobierno que está por arrancar.
Tan sólo en su primer evento, llevado a cabo en el Centro Cultural de la Universidad Benito Juárez, Barbosa logró reunir a por lo menos 2 mil jóvenes, a quienes les prometió sumarlos a la integración del Plan Estatal de Desarrollo.
Por su parte, el representante de las instituciones incorporadas a la SEP y a la BUAP, José Antonio Otheo Segura, representante del Instituto de Ciencias Jurídicas de Puebla (ICJP), dijo que es urgente que los jóvenes sean partícipes de la cuarta transformación para poder sacar a Puebla de los últimos lugares que hoy ocupa en temas como: la corrupción, la opacidad gubernamental, la pobreza extrema, la inseguridad, los feminicidios, las violaciones a los derechos humanos, la procuración y administración de justicia, entre otros, para recuperar la paz y el desarrollo del Estado.
Anunció que las universidades privadas se suman de lleno a la campaña de Barbosa de manera incondicional.
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