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El autodestape de Lalo Rivera

Quién en su sano juicio podría apostarle a la candidatura a la gubernatura del estado del actual edil, Eduardo Rivera Pérez, quien el fin de semana se autodestapó como un posible aspirante del PAN para convertirse en el inquilino de Casa Puebla.

Sobre todo, si tomamos en cuenta que el presidente municipal no está en el ánimo del gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas, ni para ese cargo, ni para ningún otro una vez que éste concluya su gestión en el ayuntamiento de Puebla.

Y es que hay que decirlo, la lista de aspirantes y de los gallos del mandatario estatal para sucederlo no es larga y ya está perfectamente definida, tanto para la llamada “minigubernatura”, como para la constitucional con la que se elegirá al nuevo gobernador por el próximo periodo de seis años.

Las aspiraciones de Eduardo Rivera son válidas, sin duda, sin embargo, aún le falta mucho como para haber anunciado que no descarta convertirse en el gobernador del estado.

Me pregunto, ¿rebelión o aspiración?

Si bien la administración municipal que encabezó el edil por los últimos años no tuvo mayores contratiempos para trabajar en la ciudad, hay que subrayar que esto se debió gracias a que el gobernador poblano así lo decidió.

Para nadie es un secreto que los dominios de El Yunque perdieron fuerza, poder y margen de maniobra en las decisiones del PAN.

En Puebla y en el resto del país, Acción Nacional es un partido fortalecido políticamente gracias a las buenas gestiones de Rafael Moreno Valle, quien se ha convertido en el principal benefactor político de los panistas por muchas razones.

En el estado, por ejemplo, el PAN gracias al gobernador recuperó la presidencia municipal que llevaba como candidato -en 2010- a Eduardo Rivera.

Todo mundo conoce aquella historia cuando Moreno Valle Rosas ganó la gubernatura del estado y aplastó al marinismo.

Su victoria arrastró, tanto al actual edil poblano, como a muchos personajes que se hicieron diputados. Algunos, por supuesto, fueron una total revelación mientras que otros un verdadero fiasco.

Dos ejemplos de esto son Mario Riestra Piña, actual presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política (la revelación) y Edgar Salomón Escorza (el fiasco).

Rafael Moreno Valle es quien manda en el PAN poblano y por todos es sabido que doblegó a El Yunque, a su grupo y a sus líderes.

Y a nivel nacional, el gobernador, es ni más ni menos que el mediador entre el grupo del senador, Ernesto Cordero Arroyo, y Gustavo Madero Muñoz, dirigente nacional del PAN.

Moreno Valle, posee mano en muchas de las decisiones de Acción Nacional, aunque usted no lo crea. Y lo mismo sucede con otros partidos, como el PRD, el Panal y Movimiento Ciudadano.

Ni el propio Eduardo Rivera logró intervenir para tratar de mediar y apaciguar la guerra que mantenían ambos bandos panistas.

La operación política que el mandatario emprendió entonces fue sublime y efectiva.

Esto permitió que ganara los suficientes bonos para tomar decisiones fáciles en el PAN poblano. Posteriormente, con la presidencia de la Conago obtuvo el toque de poder que necesitaba para placear a Tony Gali, su candidato y su presidente municipal electo en Puebla, por cuanto escenario político importante se ha paseado.

El panorama político de Eduardo Rivera se torna difícil, muy complicado.

Así que la duda salta: ¿Qué pensará de sus aspiraciones el gobernador del estado?

Menuda fecha eligió el edil poblano para lanzar su autodestape, una muy riesgosa.

Tal vez por ello el gobernador volvió a marginar a El Yunque de los momentos importantes en los festejos del Grito de Independencia.

Tal vez por eso, también, mostró a los asistentes a la ceremonia del Grito quién manda en el estado, colocando a su mano derecha a Tony Gali.

Si Lalo Rivera no se faja los pantalones será muy difícil que logre su sueño dorado.

Insisto, en Puebla no hay otro que mande que Rafael Moreno Valle.

Y si no pregúntele a los priistas.

En twitter: @poncharelazo