El 475, mala estrategia de Doger
No hace falta ser un experto en urbanismo, en arquitectura, en obra pública, en ingeniería o en cualquier tipo de edificación para darse cuenta y aceptar que el mentado puente 475, bautizado así por Enrique Doger Guerrero, no es una estructura funcional, ni mucho menos fue visionaria.
Sin embargo, no es extraño que el ex diputado federal se haya intentado valer del tema para generar noticia y mediáticamente tratar de meterse en el camino del presidente municipal de Puebla, Tony Gali, el puntero de todos los aspirantes al próximo gobierno estatal.
Hay que reconocer, al menos, que tiene las agallas y sigue pensando cómo diablos descarrillar el tren en el que el edil poblano va que vuela para el 2016.
Sin embargo, me parece que el mentado puente 475 fue una mala estrategia para intentar trompicar el paso de quien podría ser su próximo rival en la elección local que se avecina para renovar la gubernatura del estado.
Y digo podría porque en el PRI aún no se sabe a ciencia cierta si Enrique Doger será el elegido para competirle al candidato del PAN y de una posible coalición la minigubernatura de un año con ocho meses.
La aduana que le espera no será un camino de rosas, ni mucho menos.
El proceso interno del PRI, de entrada, va a sacar chispas porque hay muchos tiradores que creen tener más mérito, estructura, lealtad a su partido, currícula y credibilidad que Doger para asumir la candidatura y competir por las llaves de Casa Puebla.
Y en segunda, quién sabe qué tanto ayude al ex edil la separada y fragmentada estructura marinista para lograr su cometido.
Aunque como dice la nana Goya, “esa es otra historia”.
El caso es que el tema del 475 parece muy delicado si tomamos en cuenta que fue la obra insigne y más emblemática del trienio dogerista.
Una obra que le complicó la vida a Doger y que a la fecha le sigue sacando canas verdes a la autoridad municipal, encabezada por Tony Gali.
Porque cualquier otra administración que estuviera gobernando en este momento la Ciudad de Puebla tendría, necesariamente, que haber derribado, modificado, cambiado o de plano eliminado el famoso puente dogerista ya por inservible.
Enrique Doger parece haberse equivocado en la estrategia para hacerle la pelea y la guerra a Tony Gali, quien no hizo otra cosa que ordenar que se corrigiera la nula funcionalidad del 475 para desahogar el grave embotellamiento en horas pico que se registra en la zona.
Eso sí, parece haber logrado la reacción de las autoridades municipales, de los medios y hasta de los ciudadanos, quienes expresaron en las redes sociales su opinión sobre el tema descalificándolo.
La obra que actualmente se ejecuta en el 475, no hay duda, es urgente y muy necesaria.
Cualquiera que haya circulado por la zona lo agradece infinitamente simple y llanamente porque el cruzar el puente, para trasladarse tanto de la 31 Poniente a la Vía Atlixcáyotl como del Circuito Juan Pablo II a la misma avenida, se había convertido en un verdadero martirio.
Y no hace falta hacer grilla, ni organizar porras a favor o en contra, para entender que el puente de la discordia era un viaducto que ya no servía.
Insisto, cualquier administración que gobernara la ciudad lo habría tenido que modificar o derribar, ya sea priista, panista o del color partidista que fuese.
A Enrique Doger y a su secretario de obra, Nicolás Fueyo Mc Donald, les faltó planeación, visión y el haber ejecutado un proyecto futurista -a largo plazo- para haber hecho del 475 una obra funcional.
Porque hasta el panista Luis Paredes Moctezuma, también ex presidente municipal de Puebla, tuvo más visión que Doger en el momento de gobernar la ciudad.
Hay que recordar que el “loquito Paredes” como el marinismo y sus adversarios lo llamaron, construyó el paso a desnivel Juárez-Serdán con una visión a largo plazo ya que en ese momento pensó en edificar al mismo tiempo el paso del Metrobus el cual hoy circula por el lugar.
Entonces, todo mundo lo criticó y tachó de loco.
Empero, al final el tiempo le dio la razón a Luis Paredes por lo que el actual gobierno del estado tuvo que adoptar, reforzar y hasta ampliar su proyecto.
Así que ni loco, ni futurista vano.
En el caso del puente 475 no fue así.
Desde el inicio del gobierno de Tony Gali se estudió su nula viabilidad y su posible demolición porque resultaba un serio problema vial para los poblanos que todos los días cruzan por la zona.
El puente 475, sin duda, no fue una buena estrategia mediática para Doger porque entonces los ciudadanos ahora cuestionarán su trabajo y lo pondrán en tela de juicio.
Eso sin mencionar a los ex propietarios de los comercios de la zona del puente, quienes quebraron en sus negocios por la ejecución de la obra en el trienio dogerista.
A ellos aún falta escucharlos.
En Twitter: @poncharelazo
