Posdata
Dos tipos de cuidado
Ya falta muy poco para que el PRI poblano se quite de encima la pesada loza que carga a cuestas; el bulto de descrédito y poca vergüenza que le generan dos tipos de cuidado que tiene entre sus filas locales, Edgar Salomón Escorza y Fernando Morales Martínez.
Ambos, el primero, líder del Congreso del Estado y, el segundo, dirigente provisional, delegado o el cargo que mejor le acomode, del partido de los tres colores.
Tanto, Edgar, como Fernando, están en la mira del PRI nacional, de Pedro Joaquín Coldwell, mandamás del Revolucionario Institucional a nivel nacional y operador del presidente electo del país, Enrique Peña Nieto (EPN).
La confianza, el compañerismo y la cordialidad entre el grupo más cercano de EPN y Edgar y Fernando, simple y sencillamente, se perdió. Desde hace un buen rato los dos tipos de cuidado están borrados de la lista de militantes confiables del PRI poblano por quererse pasar de vivos.
El argumento más fuerte para que salieran del ánimo de Coldwell y del poderoso, Luis Videgaray Caso, coordinador General para la Transición Gubernamental del equipo de EPN, es sólo uno: Su falta de lealtad.
Y han sido los propios priistas poblanos quienes se han encargado de reportar las decisiones y acciones de ambos en detrimento de su instituto político, al que ellos llaman “el partido de sus amores”.
De Salomón, faltaría espacio para narrar y exponer su repentino crecimiento, su paso por la política poblana y su entrega total a las decisiones mayoritarias en el Congreso poblano, mismas que no en todos los casos han beneficiado a su partido.
El diputado local, líder de la LVIII Legislatura, ciertamente, apoyó con todo a EPN en la elección federal pasada; es más, se pronunció en contra del clan que lo impulsó en la política poblana para crecer y hacerse de todo lo que tiene a la fecha. Y, créame, amigo, lector, es mucho.
Edgar Salomón, se deslindó del grupo beltronista, encabezado por Juan Carlos Natale López, aún líder estatal del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), para pronunciarse a favor de Peña.
Salomón, sí, siempre rechazó la posible candidatura presidencial de Manlio Fabio Beltrones, coordinador del grupo parlamentario del PRI en la cámara baja del Congreso de la Unión. Sin embargo, una vez que llegó al poder se perdió y dejó de apoyar a su partido.
El dinero, la autoridad, la soberbia y la ambición lo hicieron presa hasta convertirlo en un clásico de la política priista, de esa dinosauria en la que el tiempo avanza, según lo ordena el rey.
Perdió las formas y el control total del Congreso. Su grupo parlamentario se dividió y la poca credibilidad que le quedaba tuvo el mismo final.
Salomón, se convirtió en una voz oficialista a la que ya nadie le cree.
Sus reuniones con Fernando Morales, ambos llegando a sus citas en sus camionetas Suburban con escolta, mostraron su hechura, su estirpe y su frívola militancia priista. Edgar Salomón, al menos, pasó de ser un humilde y sencillo servidor público a un político de sábanas de seda, de arte contemporánea.
Sus errores son demasiados y, dicen, no los acepta.
Lo mismo sucede con Fernando Morales, el primogénito de la familia Morales, el hijo consentido del ex gobernador y ex senador, Melquiades Morales Flores.
El boquete financiero que le aplicó a las arcas de su partido en Puebla no se olvida en el PRI nacional, mucho menos la derrota sufrida por el hoy presidente electo de México en los comicios presidenciales pasados.
Y es que EPN fue quien arrastró a sus candidatos a diputados federales a ganar. Su imagen, y nada más, fue la que permitió al PRI triunfar en la mayoría de diputaciones federales en Puebla.
De todos es conocido el presunto abuso económico cometido por Fernando Morales en perjuicio del PRI poblano. Los candidatos, en su mayoría, siempre lo denunciaron y reclamaron.
Tampoco hay que olvidar las trabas y empellones que le propinó a la hoy senadora, Blanca Alcalá Ruiz, a quien simple y sencillamente siempre desacreditó.
De las últimas acciones de Edgar y Fernando, monitoreadas por el PRI nacional, por supuesto, está el jaloneo por las consejerías del Instituto Electoral del Estado (IEE), sobre las que armaron un desgarriate para congraciarse con actores políticos ajenos a su partido.
Al final, dicen, en el IEE no quedaron todos los hombres recomendados por el PRI nacional.
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