Doña Estela: el legado; Olga Romero: mucho que explicar
Doña Estela Romero Bringas murió el pasado sábado, pero su legado no quedó sin mando.
Confundir el duelo de una familia con una oportunidad para doblegarla sería, además de mezquino, un error de cálculo, mismo que podría estarse cocinando en los pasillos del Poder Judicial.
La disputa por la herencia multimillonaria de Socorro Romero no ha hecho sino comenzar… ¡de nuevo!
Y no hay buenas noticias para la dirigente –de papel– de Morena en Puebla, Olga Romero Garci-Crespo, quien no ha dejado de echar mano de sus “influencias” para lograr apoderarse de lo que no es suyo.
Olga Romero no se ha cansado de sostener pláticas privadas con personajes clave de Ciudad Judicial, mismos personajes a los que llena de regalos y atenciones: ¿acaso vendrá otro megaoperativo, usando al Ejército, la Guardia Nacional y la FGE para lograr otro ridículo internacional y un nuevo revés jurídico?
La empresaria deja una historia que no puede reducirse al patrimonio que recibió. Junto con su esposo, Agustín Celis, construyó Vega de la Paz –una importante empresa avícola de la región– y contribuyó a una trayectoria empresarial que forma parte de la vida económica de Tehuacán y del estado de Puebla en general.
Su nombre merece un lugar más digno que el de víctima involuntaria de una disputa interminable por la ambición de obtener una herencia cueste lo que cueste.
Doña Estela sufrió por mas de 16 años la ambición desmedida de Olga Romero, quien utilizó su cercanía con gobernadores, fiscales y miembros del Poder Judicial para inventar juicios a modo, manipular carpetas penales y apresurar órdenes de aprehensión que siempre fueron superadas y abatidas por la defensa legal de la hoy occisa.
Ahora existe una responsabilidad que va más allá de los intereses de obtener una riqueza sin haberla trabajado.
Para los familiares de doña Estela, la prioridad es sostener la operación y estabilidad de una de las empresas avícolas más importantes del estado y del país.
Proteger los empleos de miles de personas que se ven y se han visto en riesgo desde que esta disputa fue iniciada por Olga Romero, a quien nada o muy poco le ha importado el futuro o estabilidad de esos miles de trabajadores, pues solo ha luchado obsesivamente por despojar a una familia de sus derechos y herencia.
Para la dirigente de Morena, la historia es distinta.
Y es que ahora está ante la obligación –política, legal y moral– de explicar sus métodos.
El entorno familiar del cual ella no es parte le atribuye una brutal ofensiva, en la que habría utilizado su influencia política para presionar sobre el patrimonio y sobre quienes lo administran.
Son señalamientos que deben acreditarse, pero cuya gravedad no desaparece porque la dirigente prefiera presentarlos como “un asunto entre particulares”.
Pero, honestamente, es difícil pensar en “un asunto entre particulares” cuando se utiliza el Estado completo contra una familia con el objetivo plenamente de obtener dinero, porque no está peleando por un reconocimiento familiar; ese reconocimiento ella cree obtenerlo al cambiarse su nombre años después de la muerte de doña Socorrito, hermana de doña Estela.
Olga Romero pelea para obtener una fortuna. Una fortuna que no es suya y que no merece.
Cuando una de las partes encabeza al partido gobernante, la separación entre interés privado y poder público debe demostrarse con especial claridad.
No basta con proclamar que todo está “en manos de los abogados”.
También deben responder quienes hayan gestionado favores, abierto puertas o transmitido presiones en su nombre.
Si existieron esas intervenciones, y vaya que existieron, el cargo de Olga Romero no las vuelve aceptables ni la obediencia las justifica.
Tehuacán necesita empresas funcionando y autoridades imparciales. No necesita que una controversia patrimonial se convierta en una prueba de fuerza política y un desprestigio más –uno más– para Morena.
Doña Estela deja trabajo, historia, una empresa con continuidad y múltiples derrotas legales propinadas a su supuesta sobrina.
Olga Romero, por su parte, tiene pendiente explicar el uso del aparato de poder para mandar a aprehender grotesca y vilmente a doña Estela, una mujer de la tercera edad en silla de ruedas y con oxígeno como auxiliar para respirar.
Un megaoperativo tan innecesario como aparatoso y abusivo que llevó a doña Estela a la cárcel y que marcó el deterioro final de su salud y, por ende, la consecuencia directa de su lamentable muerte.
Sí, doña Estela ya no está; su legado permanecerá por siempre.
La que tiene mucho, pero mucho que explicar es la dirigente de Morena en el estado de Puebla.
