Doña Coco, la sombra perredista
Cuánto estará dispuesta a sacrificar y arriesgar la presidenta y diputada estatal perredista, Socorro Quezada Tiempo, con tal de echar abajo la alianza PAN-PRD que su dirigencia nacional ya negocia y analiza con el panismo nacional.
¿O su intención sólo es negociar y vender caro su amor al PAN para 2016?
Algo que no ha previsto la perredista, de cara a los comicios locales que se avecinan, son los riesgos que implican sus declaraciones y rechazo a la alianza que, insisto, ya discuten y tienen casi amarrada las dirigencias nacionales panista y perredista.
Así que si alguien se encuentra a la diputada por favor que le explique lo peligroso que resulta enfrentarse al grupo en el poder sola y su alma, sin apoyo de un grupo, de una estrategia bien definida, de un equipo de asesores, de una buena partida económica y de buenas conexiones políticas y judiciales -locales y nacionales-, dentro y fuera del sol azteca.
Pobre Doña Coco, nadie le repercute ni sus acciones, ni sus declaraciones.
Su lamento parece más un grito desesperado, una expresión de auxilio y desesperación, que una disidencia inteligente.
Hasta su corriente la dejó sola.
Tan sólo la Nueva Izquierda (NI), propiedad de Los Chuchos a nivel nacional y local, está controlada por el diputado federal Luis Maldonado Venegas, y los legisladores poblanos Carlos Martínez Amador y Julián Rendón Tapia.
Ambos legisladores, hay que subrayarlo, le juegan las contras a su presidenta en todo momento; cada que pueden le meten el pie, se burlan de ella y la ridiculizan.
Aseguran que la dirigencia de Doña Coco es como el puñal de San Bartolo, “puntiagudo pero sin filo”.
También dicen que la autoridad de su compañera legisladora les hace lo que el viento a Juárez, y que se la pasan por el arco del triunfo.
Otro líder perredista que la abandonó, fue el cabecilla del líder del Frente de Izquierda Progresista (FIP), Eric Cotoñeto Carmona, quien hizo todo para que Doña Coco fuese ungida como la presidenta estatal de su partido sólo para cubrirse la espalda.
El ex diputado local le hizo el favor a Socorro y después se separó de ella porque tuvo con ella varios desencuentros provocados por la soberbia de la legisladora, a quien, se dice, se le subió lo Quezada a la cabeza.
Ninguno de los operadores del FIP, ni de Cotoñeto, ni de Barbosa se pudo quedar con Doña Coco en la dirigencia.
Y todo por el maldito poder que se le subió a la cabeza.
Ese mismo que hoy le toca el cerebro y la obliga a negociar todo lo que pueda para permitir la mentada alianza PAN-PRD.
¿Entonces, es o no mucho el riesgo para la diputada?
¿Qué no le importará perder la dirigencia perredista?
¿No le teme a una expulsión?
¿Hasta cuándo seguirá intentando reventar la liga PAN-PRD?
¿O está dispuesta Doña Coco a abandonar las filas de su partido de concretarse la mentada coalición?
¿A qué le tira la diputada?
Vamos, ¿qué dirá Agustín Basave Benítez, líder nacional del PRD, de la reacia actitud de Socorro ante sus órdenes?
¿A quién, o a quiénes, responden los intereses de la legisladora?
¿A Agustín Basave, al senador Luis Miguel Barbosa Huerta, o a los intereses personales?
Bien valdría la pena que Doña Coco nos despejara las dudas para saber cuál es su ruta.
Por qué ¿de qué le sirve una alianza de izquierdas cuando en Puebla la única política revolucionaria es la de Morena y el Peje?
Ah qué, Doña Coco, tan sediciosa.
A ver si no le salen con tres pesos y se dobla.
Hagan sus apuestas, señores y señoras.
En el PRD poblano algo apesta.
En Twitter: @poncharelazo
