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Detrás de cámaras (EPN)

Muchos fueron los mensajes, las acciones, las palabras, las anécdotas -buenas y malas-, las órdenes y los abusos, en algunos casos, que caracterizaron la última visita de Enrique Peña Nieto (EPN), candidato presidencial del PRI-Verde, a Puebla.

En ambos eventos, el del Auditorio Siglo XXI y el organizado en el Hotel Presidente Intercontinental, hubo de todo. Desde saludos cordiales, hasta mentadas de madre entre priistas.

Y en los dos actos, hay que decirlo, también hubo desorden por lo abarrotado de los lugares.

Eso sí, al final, EPN mostró el poderoso arrastre electoral que trae a cuestas, su crecimiento político-electoral en la entidad, el cual se ubica, según los especialistas, ya en un 48 por ciento de las preferencias, ya por encima (9 puntos) de Josefina Vázquez Mota, candidata presidencial del PAN, y muy lejos del amoroso AMLO.

La evaluación personal que realizó el “Golden Boy” priista a su coordinador de campaña en la entidad, Alejandro Armenta Mier, fue buena, aprobatoria, a pesar de uno que otro imprevisto y abusivo que, por sus pantalones, quiso romper el protocolo del evento por estar cerca del abanderado.

Tan sólo en el primer evento, en el Siglo XXI, hubo bronca entre priistas y verde ecologistas por los lugares y por cómo estaban personalizados.

Muchos de los invitados especiales se quedaron, incluso, sin lugar por la falta de educación e institucionalidad de algunos verdes y priistas, como Juan Carlos Lastiri Quirós, ex dirigente estatal del PRI; Víctor Díaz Palacios, Javier López Zavala y uno que otro diputado.

Los políticos del Verde mostraron el cobre y su abusiva actitud, toda vez que pretendieron adjudicarse los lugares preferentes para el encuentro entre EPN y los 5 mil jóvenes invitados.

Juan Carlos Natale, dirigente estatal del Verde; junto con Arturo Escobar y Vega, senador y vocero del mismo partido, también intentaron ocupar los lugares de frente al estrado, a pesar de que para ellos éstos no estaban asignados.

El dirigente municipal del Verde, Goyo Gómez, jaló hasta con la novia y exigió un lugar ejecutivo para ella. Para conseguirlo, se aventó la puntada de asegurar que era una candidata a diputada federal del PRI-Verde.

Lo mismo sucedió con los marinistas, los zavalistas, los lastiristas, insisto, y los colados que quisieron pasarse de vivos para saludar de mano a Peña Nieto. La desfachatez de Lastiri y Zavala, por ejemplo, fue querer sentar a sus respectivos secretarios particulares, amigos y compadres, cerca de ellos y de EPN.

Todo esto, junto con la prepotente y abusiva actitud del cuerpo de seguridad del candidato presidencial de Compromiso por México, asignado por parte del Estado Mayor, provocó la molestia de los verdaderos líderes priistas asistentes al acto.

Actitudes arribistas, como la de Francisco Ramos Montaño, uno de los marinistas de hueso colorado, fue de las más detestables. Al angelito se le ocurrió la puntada de llevar a más de 30 personas al evento, invitados personales, y sentarlos en lugares ajenos.

Empero, quien se sacó el premio del priista más abusivo, fue el despistado y furibundo, Víctor Díaz, quien reclamó el lugar que le fue otorgado a Pepe Chedraui, responsable de la campaña de financiamiento de EPN.

Palacios, reprochó: “¿Quién es Pepe Chedraui para gozar de tanto privilegio?” Y alguien, atinadamente, señaló: “No es nadie, sólo amigo personal del candidato”.

Afortunadamente, la educación y caballerosidad del propio Chedraui, evitaron un desencuentro mayor con el irreverente de Díaz Palacios, otro marinista arrepentido que se quedó en el sexenio pasado.

La mosca en la sopa de aquel evento para EPN, fue la campaña negra que se le organizó. Y es que se colocó, fuera del auditorio, un vehículo de publicidad móvil y perifoneo en el que apareció la imagen del abanderado junto al ex gobernador, Mario Marín Torres.

Por último, el dato más destacable del segundo evento de EPN, realizado en el Hotel Presidente, fue el encuentro que el candidato sostuvo con el rector de la BUAP, Enrique Agüera Ibáñez, a quien mandó traer personalmente para saludarlo.

Peña Nieto dialogó con Agüera e intercambió comentarios, dicen, sobre su proyecto educativo y la insistente posibilidad de sumarlo a su posible gobierno.

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