Desastre en Cuautlancingo
En un asqueroso cochinero en el que cualquier marrano podría revolcarse por lo profundo del fango en el que está hundido, está convertido el municipio de Cuautlancingo, gobernado por el edil panista, Filomeno Sarmiento Torres.
Las calles de la región dan pena, asco a los visitantes y a su propios pobladores, quienes tienen la necesidad de sortear diariamente su paso por estas vías debido a las deplorables condiciones en las que el flamante edil las tiene abandonadas.
En sólo un slogan fracasado y engañoso, que únicamente sirvió para complementar la imagen, el nombre y el escudo oficial del municipio, quedó el logo institucional de la administración de Filomeno: Cuautlancingo, “Identidad y progreso”.
Y lo peor es que de poco o nada les sirve a los habitantes de Cuautlancingo que su municipio, conocido históricamente por su origen tolteca-chichimeca, sea un corredor industrial en el que está asentada la empresa más grande e importante del estado, la poderosa armadora de autos alemana Volkswagen (VW).
¿De qué le sirve a Cuautlancingo ser una comunidad con un gran potencial económico cuando está asentada en una cloaca?
¿Qué atractivo turístico representa un municipio que sufre graves inundaciones de calles y caminos desechos por las lluvias, de falta de una eficiente red de drenaje y alcantarillado, de carencia de agua potable, de un inservible e insuficiente alumbrado público, de alta inseguridad, de abuso de poder, de altas cuotas en el cobro del predial, en los impuestos municipales, así como de un edil al que le valen gorro las demandas de los ciudadanos?
¿De qué le sirve a Cuautlancingo ser un polo de desarrollo de vivienda social y residencial, cuando ni siquiera hay caminos dignos para llegar a estos espacios?
¿De qué le sirve a Puebla un municipio así?
¿De qué un edil como Filomeno Sarmiento?
Cuautlancingo es un verdadero caos, un pueblo dejado de la mano de Dios, del PAN, de sus autoridades y de su presidente municipal, en particular.
En esta región poblana, donde se han desatado los asaltos pero, sobre todo, donde los problemas de las lluvias y las inundaciones son un martirio para sus pobladores, abunda la anarquía y la ilegalidad.
Y para muestra, basta un botón.
Cuautlancingo, por ejemplo, es el único municipio -metropolitano- que tolera los excesos, toda vez que por el capricho de sus autoridades, por la prepotencia y soberbia, no se ha querido aceptar un horario común para regular los antros establecidos en su territorio, donde circula muy fácilmente la droga y el alcohol adulterado.
Es además, entre otras cosas, un municipio donde se permite circular libremente a los mototaxis, vehículos prohibidos por la autoridad de la Secretaría del Transporte, los cuales carecen de licencia para circular.
Y es muy fácil darse cuenta del desastre municipal en que está hundido Cuautlancingo. Sólo basta circular por calles como la Avenida Uranga, la cual conduce a los fraccionamientos La Noria I, II y III para testificar el olvido en el que está sumida la población asentada en el lugar.
En aquella avenida que atraviesa una escuela, un campo de beisbol y diversas unidades habitacionales es imposible pasar en temporada de lluvias. Hay que cruzar en bote salvavidas para evitar quedar varado por los cráteres y la inundación que provocan los fuertes aguaceros, si es que se quiere pasar en cualquier vehículo automotor.
Lo peor es que la falta de alumbrado público ya provocó que la delincuencia en esa zona de Cuautlancingo esté a la orden del día, pues los amantes de lo ajeno aprovechan la difícil circulación del lugar para asaltar a quienes transitan por la zona para dirigirse a sus viviendas.
Eso sí, mientras tanto, el edil, Filomeno Sarmiento, se rasca la panza y goza del poder que le heredó el PAN y le facilitó, equivocadamente, la población en la pasada elección local.
Ojalá que el gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas, salga al rescate de los habitantes de Cuautlancingo, municipio mal administrado y desamparado por Filomeno Sarmiento y el PAN.
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