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Demencia priista

Con todo mi amor, cariño y afecto a mi compañero de vida, de todas mis batallas -buenas y malas-, a mi hijo Alfonso André. ¡Feliz cumpleaños! ¡Dios te guarde!

La descomposición político-partidista que se vive en el PRI poblano no sólo ha generado una grave crisis interna que derivó en la fractura y división del partido sino parece haber afectado la estabilidad mental y emocional de varios de sus líderes.

El PRI poblano enfrenta la peor de sus rachas desde que perdió la gubernatura del estado (2010) a manos del marinismo y de su entonces candidato, Javier López Zavala. Hoy, el camino político del partido tricolor es incierto y no se ve cómo pueda recuperarse.

Y es que además de Casa Puebla, los priistas perdieron el Ayuntamiento de Puebla con Enrique Agüera Ibáñez (2013), la mayoría del Congreso local (apenas tienen 8 diputados), el control de los organismos electorales en la entidad, el Poder Judicial y, recientemente, la mayoría de las juntas auxiliares, particularmente de las 17 de la capital.

Ante tal escenario, la revolución interna que se vive en el PRI a causa de la debacle de los últimos años, los distintos grupos, corrientes y expresiones se han dado a la tarea de disputarse la presidencia de su Comité Directivo Estatal, aún a cargo del diputado local, Pablo Fernández del Campo Espinosa.

La reyerta entre la militancia priista ha sido a muerte, una verdadera carnicería, y no ha cesado ni un momento.

En el PRI no hay tregua, ni banderas blancas, todas sus expresiones se han dedicado a candidatear a sus favoritos, a denostar a sus enemigos sin importar que sean sus propios correligionarios, a especular sobre el futuro de su partido y su actual dirigente, así como a traicionar las siglas del ahora llamado “ex partidazo”.

Aunado a esto se suma el poco interés que el gobierno federal y el PRI nacional tienen por Puebla, por su comité y por los futuros comicios en los que se jugarán diputaciones federales y posteriormente la minigubernatura de un año con 8 meses.

Tampoco los delegados federales han logrado poner la diferencia de un PRI nacional ganador en Puebla.

Esos priistas se han limitado a hacer lo que les corresponde, a dar juego a sus adversarios políticos en el estado y a mantenerse a raya para que el gobernador poblano, Rafael Moreno Valle Rosas, no entre en conflicto con ellos.

La peor tragedia para el priismo poblano es que sus pocos dirigentes estén más interesados en salvar su pellejo, en continuar cobrando en el erario y en amasar más poder del que ya tuvieron gracias a su propio partido.

Empero, es inconcebible que ante el vacío de poder y mando que existe en el PRI poblano sus líderes ya estén pensando en repartirse las candidaturas para los próximos comicios y hayan olvidado, además, sus traiciones.

Personajes como el chiapaneco, Javier López, también conocido como “Z”, se dedican a amenazar, a amagar y a provocar una revuelta si no se quedan con la próxima candidatura a la gubernatura.

Y es que si bien el ex gobernador, Mario Marín Torres, el “góber precioso”, fue el principal protagonista de la derrota priista de aquel 2010, Zavala fue el gallo de ese sexenio y no tuvo capacidad de arrastre para mantener al PRI en Casa Puebla.

¿Pues qué ya no se acuerda?

Pena debería darle al diputado declarar que ya negoció, acordó o pactó con su homólogo, Enrique Dóger Guerrero, quedarse con la próxima candidatura del PRI al gobierno del estado.

Ni él, ni Dóger merecen ser los abanderados de su partido porque ambos lo han dejado a su suerte cuantas veces les ha convenido.

Me pregunto si los poblanos harían gobernador a alguien con vínculos con Israel Pacheco Velázquez, el derrocado ex dirigente sindical vitalicio del Ayuntamiento de Puebla, en el caso de Enrique Dóger.

Es una pena que priistas como Dóger y Zavala pongan un ultimátum a su partido cada que se les antoje y nadie les diga nada.

Lo mismo es una tristeza que diputados locales, como Pepe Chedraui, sufran el síndrome del “no pero sí”.

Qué fácil es advertir “no estoy buscando una candidatura, pero si mi partido me la ofrece no la rechazaría”.

Igual que otros que se dicen priistas de cepa también el amigo del presidente, Enrique Peña Nieto (EPN), le ha quedado a deber al PRI poblano. Más aún cuando parece privilegiar un proyecto personal y no colectivo.

Pobre PRI ni el zurrón queda de aquel partido todo poderoso y dueño del estado que existió en el pasado.

En twitter: @poncharelazo