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De las alianzas y el jaloneo por las elecciones

Valdría la pena preguntarse a quién convendría o beneficiaría más una posible alianza entre el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), de cara a los próximos comicios federales del 7 de junio de 2015.

La respuesta -a bote pronto- parece fácil y sencilla, pero en realidad es más compleja de lo que parece.

Y es que si, como dijera el famoso Pepe Cegarra en las narraciones de los clásicos de otoño, nos vamos a la frialdad de los números, el favorecido directamente parecería el panismo; sin embargo, dadas las circunstancias políticas, sociales y económicas del país, es muy difícil hacer un pronóstico.

Allí está como un buen ejemplo, que sirve como base para entender la situación político-electoral en Puebla, la elección presidencial de 2012.

En el estado, en la elección presidencial en la que Enrique Peña Nieto (EPN) logró hacerse de las llaves de Los Pinos, el PRD y la coalición que consumó con el PT y Movimiento Ciudadano lo derrotaron y se apuntaron el triunfo en esos comicios, en el caso del candidato a presidente.

En aquella mentada alianza, la izquierda logró obtener un total de 859 mil 110 votos en todo el estado para su candidato, Andrés Manuel López Obrador; mientras tanto, el PRI y su liga con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) lograron sumar un total de 854 mil 382 sufragios para posicionar a EPN en el segundo lugar.

En el caso del PAN, el partido logró reunir 640 mil 977 votos y dejar en un rezagado tercer lugar a su abanderada Josefina Vázquez Mota.

Es decir, en Puebla ganó AMLO y perdió EPN; triunfó la izquierda y perdió la derecha.

El PAN logró algunas diputaciones federales que le sirvieron para colar a algunos de los hombres y mujeres aliados del gobernador Rafael Moreno Valle Rosas.

Empero, si el PAN y el PRD sumaran sus fuerzas en una elección local y/o nacional el resultado sería distinto.

Bastaría con sumar aquellos resultados para ver cómo aplastarían al PRI con una alianza.

Eso sí, el PRD, por supuesto, ya no contaría con el arrastre de El Peje y se vería mermado en sus votos.

Y si sumamos la responsabilidad que el perredismo carga por el caso Ayotzinapa y José Luis Abarca, ex edil de Iguala, también se tendrían que descontar votos.

Esto muestra que las posibilidades de una alianza o coalición entre el PAN y el PRD no sólo dependen de la decisión de las dirigencias de ambos partidos sino de factores que tienen que ver con números, con votos, con imagen y con otras aristas.

En lo nacional, de darse una alianza de este tipo el más beneficiado sería el PAN porque aplastaría al PRI de un plumazo, esto siempre y cuando la izquierda amarilla le entrega su amor, sus siglas, su ideología y sus votos.

Empero, una alianza nacional entre panistas y perredistas parece más un sueño.

Sobre todo porque en esta negociación por supuesto que el PRI juega y estaría dispuesto a hacer cualquier cosa para impedir que sus siervos, perdón, sus amigos del PRD firmaran una alianza con el panismo.

El factor Morena y AMLO también cuentan. Y estoy seguro que con la participación de Morena en la elección federal el más perjudicado es el PRD.

Por lo pronto, la alianza nacional entre azules y amarillos está descartada.

Quién sabe si el PAN esté dispuesto a cargar con el nuevo estigma del PRD, ganado en los últimos meses por el caso Ayotzinapa, el de ser un partido corrupto y ligado al crimen organizado.

¿Qué tan caro sería el costo para el PAN?

Por todo esto es por lo que se complica la alianza entre Acción Nacional y los perredistas.

En Puebla, aún falta ver qué tanto le conviene al gobernador Rafael Moreno Valle una alianza con un partido que en números, estructura, votos, recursos económicos y potencial de voto no vale mucho. Lo único que le sirve son las siglas porque ya sus hombres están dentro.

Flaco favor le hace a su partido Socorro Quezada Tiempo, dirigente estatal, demeritando, devaluando y menospreciando el potencial político-electoral del PRD.

La sinceridad de la perredista, aunque pareció llevar intención y jiribilla política por la obcecación de haber asumido su cargo, evidenció las intenciones que tienen en la localidad para apoyar las intenciones del gobernador poblano.

Eso sí, en Puebla todo puede suceder, desde una coalición parcial entre el PAN y el PRD hasta una alianza de facto que tampoco es una locura.

La semana que viene será crucial para el futuro de la posible alianza entre panistas y perredistas.

A propósito, el estire y afloje, la negociación y el jaloneo al respecto se están dando en la ciudad de México. Los líderes locales de ambos partidos no tienen ni voz, ni voto, ni vela en el entierro.

En Twitter: @poncharelazo