Cuautlancingo, el cochinero de Filomeno
Mucho tendrá que explicar el presidente municipal de Cuautlancingo, Filomeno Sarmiento Torres, sobre el presunto manejo irregular de recursos detectado en su administración por la Auditoría Superior del Estado (ASE) y el Congreso del Estado, vía la Comisión Inspectora.
El angelito no ha podido comprobar, ni más, ni menos, la cantidad de 84 millones, 469 mil 523 pesos, correspondientes al periodo del 15 de febrero al 31 de diciembre de 2011.
Además, existe un tanto igual o mayor correspondiente al ejercicio de 2012, el cual ya se está analizando al seno de la ASE por los diputados y el titular de la dependencia, David Villanueva Lomelí.
La gravedad del asunto es tal que parecen haber catalogado el tema como muy delicado, aún más, que del edil con licencia de Teziutlán, Carlos Peredo Grau.
Y es que, hay que decirlo, Cuautlancingo es un verdadero asco.
El municipio da tristeza, es uno de los más inseguros de Puebla, sus calles dan vergüenza y están intransitables, las inundaciones han provocado todo tipo de problemas a sus habitantes y Filomeno Sarmiento está resignado a dejar en el olvido al municipio que le ha dado todo, dinero, poder y posición social.
Los caprichos y excesos de Filomeno han sobrepasado lo inimaginable.
La euforia, por ejemplo, por tener un parque, como el lineal, que se ubica en el municipio de Puebla, le ganó al grado que no escatimó ni tiempo, ni recursos para echar a andar un proyecto que se quedará inconcluso.
Ya hemos abordado el tema en otras ocasiones, pero vale la pena recordarlo.
Según las estimaciones oficiales el ecoparque denominado “El Ameyal”, ubicado entre las calles Aldama y la Prolongación de Uranga, tuvo un costo de alrededor de 60 millones de pesos y se encuentra terminado a medias.
Y aunque el parque es una obra, sin duda, muy ambiciosa que podría dejar bien parado al edil de aquella comunidad, la realidad es otra.
El lugar donde quedó asentado “El Ameyal” era una barranca que estaba convertida en basurero y en un muladar. Las calles aledañas eran intransitables porque aquel que se atrevía a intentar cruzarlas quedaba atascado, inmovilizado y a la buena de Dios.
Entre las cosas buenas del parque está la pavimentación de las dos calles entre las que se encuentra, tiene una pista de trote y de bicicleta, un lago natural, zona de juegos para los niños, bancas, mesas y sombrillas para comer, un espacio de plantas naturales y hasta una explanada para eventos diversos, muy amplia.
El área, por supuesto, sirve a los habitantes de Cuautlancingo para hacer deporte y para la recreación familiar.
Sin embargo, “El Ameyal” también tiene su lado negativo, su parte negra.
De entrada, el parque aún no está terminado en su totalidad, las dos pistas están sucias, no existe la garantía de que los corredores o usuarios, en general, no sufran una lesión por lo escabroso del camino en algunas partes.
La zona de plantas y árboles frutales está en total abandono, lo mismo que los juegos infantiles.
La primera ya sufrió hasta el robo de una de las placas que explican el tipo de flora que se ubica en “El Ameyal”. Los patos y/o gansos están encerrrados en los corrales, sin comer, y la zona de niños siempre está inundada y parece no haber remedio para limpiar el lugar.
Y lo peor, ni el director de “El Ameyal”, Miguel Ayala Rivera, ni los guardias, ni nadie del ayuntamiento de Cuautlancingo se han preocupado por resolver los problemas para la mejora del parque ecológico.
Ni porque existe una oficina del gobierno de Filomeno Sarmiento en “El Ameyal” las cosas mejoran.
El colmo es que la inseguridad en Cuautlancingo se ha incrementado en las últimas semanas, por lo que los deportistas y habitantes del lugar no quieren ni salir a visitar el parque por el temor a sufrir algún asalto.
Todo esto, aunado a las graves inundaciones que sigue sufriendo Cuautlancingo por la intensa temporada de lluvias que azota a Puebla, ha puesto a la actual administración en el ojo del huracán.
Y lo peor de todo, se dice que “El Ameyal” apenas costó la mitad de lo que cacareó Filomeno Sarmiento y que, además, sirvió para justificar todo el cochinero administrativo en que se encuentran las finanzas de Cuautlancingo.
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