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Crisis priista

Muy interesante resulta la información revelada por la periodista, Érika Rivero Almazán, en su columna “Los Conjurados”, publicada en esta casa editorial, intitulada “¿Dónde quedaron los 200 millones, Fer?”
Sobre todo, cuando existen, además de los datos ofrecidos en el texto, muchos indicios que ponen en entredicho la administración, honorabilidad, honradez, calidad moral y asepsia política del primogénito de la familia Morales, Fernando Morales Martínez, como dirigente estatal del PRI.
Y eso bien lo sabe, Pedro Joaquín Coldwell, dirigente nacional del Revolucionario Institucional, quien habría enviado al tricolor poblano y a Fernando Morales, en particular, un pliego de observaciones para solventar los supuestos gastos realizados por el partidazo, correspondientes a 200 millones de pesos.
El dinero, de acuerdo a lo reportado en la citada columna, fue la aportación que hizo el PRI nacional para su comité de Puebla, para su gasto corriente, para sus candidatos a diputados federales y para la campaña federal que Fernando Morales perdió para el hoy presidente electo del país, Enrique Peña Nieto (EPN).
Y es que en el CEN del PRI están convencidos que el triunfo de sus candidatos a diputados por Puebla no fue obra de Fernando Morales, sino del arrastre que logró EPN entre la ciudadanía.
En ese sentido, hay que señalar que en este espacio di cuenta de la desconfianza que el equipo operativo -de primer nivel- del hoy presidente electo, encabezado por Luis Videgaray Caso, coordinador del equipo de transición gubernamental designado por EPN, le tiene al Jr. de los Morales.
Todo mundo sabe, en el CEN del PRI y en el equipo de Peña, de la línea política del dirigente estatal tricolor en Puebla, de sus aspiraciones políticas al gobierno del estado y de sus amarres con actores de otros partidos políticos para tratar de cristalizarlas. 
Tal vez por eso haya surgido el tema de la fiscalización en su administración, toda vez que muchos de los nuevos diputados federales priistas tuvieron que financiar sus campañas con sus propios recursos. 
Fueron muchas las quejas de los abanderados priistas en contra de su dirigencia, misma a la que acusaron de no apoyarlos para ganar la elección.
Se dice, además, que el Comité Estatal de su partido entregó únicamente 250 mil pesos a cada candidato a diputado federal, en tres etapas. El pago ni siquiera fue en una sola exhibición y/o en efectivo.
Se entregó una parte en efectivo, una más que fue para financiar espacios de medios de comunicación -entrevistas-, y otra en especie, mantas, cilindros, etcétera.
Los recursos para las campañas priistas siempre fueron limitados.
Lo mismo ocurrió en el caso de las candidatas al Senado, a quienes, incluso, se dice, Fernando nunca apoyó. Es más, en plena campaña trascendió que operó en contra de Blanca Alcalá Ruiz para intentar trompicar sus aspiraciones. 
Todo ello, aunado a la extraña actitud política que asumió el dirigente estatal priista para con el gobierno local, provocó que el PRI nacional lo marcara con una cruz y empezara a desconfiar de sus decisiones.
Al final, los números no le dieron a EPN y perdió la elección en Puebla, abatido por AMLO.
Y si le sumamos que en el PRI estatal se retrasaron las quincenas de su personal y los sueldos de los empleados, pues todo huele raro, a un tufo de abuso de poder, desfalco y corrupción.
Y efectivamente, como preguntara, Érika Rivero, sobre, Fernando Morales: ¿Y ahora quién podrá ayudarlo?
En twitter: @poncharelazo