Crisis en el PRD, la división de los Chuchos
En el Partido de la Revolución Democrática (PRD) las cosas no andan bien, ni en el ámbito nacional, ni mucho menos en el local. La crisis que atraviesa este partido tiene metida a la dirigencia nacional que encabeza Jesús Zambrano Grijalva en graves problemas.
Y es que la credibilidad del perredismo nacional está en el ojo del huracán desde que el presidente, Enrique Peña Nieto (EPN), inició su sexenio.
Los perredistas primero fueron cómplices, perdón, aliados del mandatario nacional por decisión explícita de Zambrano, vía la firma del “Pacto por México”, y después recularon su postura por no convenir a sus intereses.
Ya con el estigma de la incongruencia, el dirigente nacional del PRD se dedicó a golpear las disposiciones presidenciales criticando las famosas reformas estructurales y sus leyes secundarias sin ton ni son.
Tanto, que a últimas fechas les tiró línea a sus legisladores, a los senadores, y les ordenó votar en contra de cualquier norma en la que su partido no fuese socio, digo, no estuviese de acuerdo.
Sin embargo, los problemas del sol azteca y sus intereses no paran ahí.
En la casa perredista las corrientes están más vivas y ambiciosas que nunca, por lo que las diferencias entre el senador, Luis Miguel Barbosa Huerta, coordinador del grupo parlamentario amarillo en la cámara alta del Congreso de la Unión, con los líderes de los famosos “Chuchos” ya provocó otra fisura más a la ya de por sí agrietada relación que mantenían desde el año pasado.
El enfado entre ambos bandos es muy sencillo de explicar: Barbosa no toleró más que Zambrano y su palomilla siguieran negociando a sus espaldas los temas que al presidente EPN le interesan sacar en el Congreso.
El legislador poblano, durante el periodo que estuvo fuera de combate por haber sido internado tras su padecimiento de diabetes, quedó fuera de los convenios entre el perredismo y la presidencia de la República los cuales, al final, quedaron sin efecto.
Una vez recuperado, Luis Miguel Barbosa, regresó por la revancha y sus fueros, por lo que criticó y reprobó muchas de las disposiciones ejecutadas por Zambrano y sus huestes durante su ausencia.
Hoy, a estas alturas, el líder de los senadores perredistas ya tuvo la osadía de crear su propia corriente en el PRD (Frente de Izquierda Progresista), misma que le va a competir a la Nueva Izquierda (NI) -la de los Chuchos- muchas decisiones y espacios públicos en la próxima elección federal.
En Puebla, aunque se supone es un bastión barbosista, las cosas se le están complicando al senador, toda vez que con la renovación de las dirigencias y los acuerdos entre el gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas, y Zambrano, el PRD poblano podría dejar de ser propiedad del tehuacanense.
Al mandatario poblano le interesa tener el control total del partido del sol azteca y va con todo para quedárselo.
Por lo pronto, en el PRD ya están los alfiles del morenovallismo, quienes tienen la encomienda de extender su grupo y poderío para que en el momento preciso arrebaten la dirigencia estatal.
Entre el perredismo poblano se sabe perfectamente que el próximo dirigente estatal, el sucesor de Éric Cotoñeto Carmona, no será un personaje fiel a los Chuchos, ni a la NI, sino más bien al gobernador, Moreno Valle.
Para ello los operadores ya están tejiendo fino.
Es un hecho que en el PRD poblano también habrá una fractura por designación del nuevo dirigente.
Sumado a esto, la llegada de Morena como partido político y el activismo organizado de sus simpatizantes le va a pegar con tubo a los intereses perredistas, los cuales se van a ver mermados en los comicios que se avecinan.
Y qué cree, todo con miras a 2018.
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