¿Creer en los millennials?
Durante los días recientes ha sido tema de múltiples comentarios la inédita reacción ante el sismo de hace dos semanas por parte de miles de jóvenes de la llamada generación millennial.
El vigoroso dinamismo que mostraron para auxiliar tareas no sólo de suministro de víveres, sino de pesadas jornadas de reconstrucción, ha llamado la atención de una manera muy peculiar, incluso en el extranjero.
En este mismo espacio sostuve en su momento que la extraordinaria movilidad ciudadana, en particular la de los jóvenes, alcanzó tal dimensión que podría ser detonante “para que en el futuro mediato la sociedad participe activamente en otros ámbitos, y se puedan así generar cambios radicales que nos lleven a mejores escenarios de equidad, justicia social y verdadera democracia”.
Y me aventuré incluso a desear que ese mismo ánimo pudiera prevalecer en el proceso electoral del 2018, en el que habremos de decidir el futuro del país.
En eso no todos coincidieron.
Hay quienes me hicieron ver que esa era una visión de buena fe, pero extremadamente optimista.
Y hasta hay quienes piensan que a corto plazo, superado el miedo y las secuelas del sismo, y aún más, ante el alud de acciones de reconstrucción, las cosas seguirán igual que antes.
Me resisto a creerlo.
Los que consideran que las aguas volverán a su mismo nivel afirman por un lado que parte de la actitud reactiva de los jóvenes obedece al dominio que tienen en las plataformas digitales, y ello implica que en cualquier momento pueden orientar el contenido de sus mensajes a otros temas, como mejor les convenga, incluyendo los triviales que suelen abordar.
A ello, se afirma, debe sumarse que en la realidad los partidos y los políticos han mantenido privilegiando sus propios intereses en la víspera del proceso electoral, y prueba de ello es el enredo en el que han caído respecto a los dineros que eventualmente estarían dispuestos a transferir por la vía que fuese, en apoyo de los afectados de varias entidades del país.
Esto es, nada habría cambiado.
El tema, decíamos, ha sido ponderado en medios nacionales y extranjeros, aunque también en Puebla.
De lo observado en la prensa local, me quedo por lo pronto con la opinión de dos líderes de opinión.
Por un lado, el conductor de noticias en radio Fernando Canales fue uno de los que se dijo sorprendido por el activismo de los jóvenes.
Llevado por la euforia, Canales incluso pidió perdón a los millennials por creer que, obsesionados en su mundo digital, nunca romperían su letargo frente a la realidad social.
Por su parte, Arturo Luna, director de un medio digital y conductor de televisión, se preguntó si los millennials necesitaron una sacudida de 7.1 grados para despertar.
Y en plan inquisitivo, cuestionó: “¿Cuánto durará esta reacción positiva?, ¿los veremos en las urnas el próximo año quitando los escombros de la vieja clase política?”.
No obstante, el propio Luna dejó ver también su lado optimista al señalar que los millennials de Puebla y de todo México tienen un gran reto por delante, porque el país se está cayendo a pedazos desde hace años y urgen sus manos, talento, creatividad y compromiso para levantarlo.
“Deberán aprovechar esta nueva reacción para tomar las riendas… incluso, en un descuido, podrían edificar un nuevo y mejor país, levantándolo de las ruinas en que se los hemos dejado”.
Así sea.
Al oído
Ayer se cumplieron 49 años de los sucesos de Tlatelolco que ensombrecieron al país.
Como ocurrió después con el sismo de 1985, aquel suceso marcó la historia nacional y provocó hondos y profundos cambios estructurales.
Hoy andamos en ese trance, pero ¿por qué esperar siempre a que ocurran episodios trágicos?
¿Qué sigue?
