#ChallengeAccepted La granada de la inseguridad en Puebla capital que Barbosa ya tiene en las manos
Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
¿Qué les importa más a los políticos: cuidar su imagen pública o preservar el bienestar de sus gobernados?
Para muchos la respuesta sería sencilla: los políticos siempre buscar que su imagen, su principal baluarte, no se manche a pesar de que sus acciones no sean las más favorables para el pueblo.
La polémica decisión de controlar la seguridad pública en Puebla capital del gobernador Miguel Barbosa, que se hizo oficial este miércoles una vez que la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó que sí procedían las facultades del Ejecutivo local para asumir dicho mando, podría considerarse un salto al vacío por parte del mandatario poblano.
Y es que, Barbosa Huerta como buen lector del timming político entiende perfecto que la crisis de seguridad en la Angelópolis es un tema que está afectando a la marca de Morena en la aldea, la cual ha sido uno de los bastiones electorales del lopezobradorismo a nivel nacional desde el 2006.
Más allá de una disputa de poder o incluso “bélica” con la alcaldesa Claudia Rivera, el decreto del gobernador Barbosa para asumir la seguridad en la capital del estado no debe de interpretarse de otra forma más que la de un acto responsable ante la amenaza que acecha a Puebla como lo es la entrada del narco a la zona metropolitana de la entidad.
Tan es así que en el decreto emitido hace un reconocimiento al trabajo realizado por el gobierno municipal de Rivera Vivanco y por la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Puebla, a cargo de Lourdes Rosales, pues, con cifras en las manos, la incidencia delictiva presentó una tendencia a la baja desde hace meses luego del caos heredado por la gestión del Luisito Banck.
A pesar de que los indiciadores estaban del lado del Ayuntamiento de Puebla, la percepción ciudadana fue una loza muy pesada sobre los hombros del gobierno municipal riverista, por lo que, y contra todo pronóstico, Barbosa Huerta tuvo que entrarle a la “rifa del tigre” y asumir el control de seguridad en Puebla capital.
En pocas palabras: para Miguel Barbosa vale más la seguridad de los poblanos que su imagen pública.
La seguridad en Puebla capital se restablece sí o sí.
Cómo olvidar cuando el siniestro Moreno Valle, en lugar de asumir como suya la crisis de inseguridad que ya iniciaba en la capital poblana durante el trienio de Eduardo Rivera, optó por retirar 200 policías estatales asignados a la Angelópolis.
Esa sí fue una verdadera disputa política y una vendetta personal del ex priista en contra del ex alcalde panista, la cual, dicho sea de paso, comenzó con el descenso al infierno en la ciudad de Puebla al ya no contar con los efectivos necesarios para garantizar la seguridad de los capitalinos.
Después, Moreno Valle les abrió las puertas del estado a los narcotraficantes para operar el huachicoleo en el estado y ahí todo comenzó a pudrirse.
El decreto del gobernador Barbosa para asumir el control de la seguridad en la Angelópolis es parte de lo mucho que se tiene que componer en Puebla tras la corrupta y oscura era morenovallista.
No se debe de tomar a la ligera el diagnóstico hecho por la administración barbosista en el sentido de que el Cartel Jalisco Nueva Generación tiene como “objetivo principal” expandirse en la ciudad de Puebla, debido a las ganancias que pueden obtener por el robo de gasolina, lo cual representa una amenaza grave ya que aumentaría la violencia por la disputa de la plaza.
No sólo eso, el decreto también expone que los Zetas y la Familia Michoacana registran operaciones en el estado; mientras que los Beltrán Leyva y CJNG tienen algunas células criminales ligadas a éstos en la entidad, en municipios como Palmar de Bravo, Cañada Morelos, Ciudad de Puebla, San Andrés Cholula y San Martín Texmelucan.
Ahí está la pinche herencia que nos dejó San Rafael, quien ya tiene cada vez menos viudas y huérfanos que le lloran.
En efecto, Barbosa sí tiene una personalidad guerrillera, pero para este tipo de escenarios en los que se necesita mano dura para sacar del estado a los hampones que Moreno Valle dejó entrar.
La crisis de seguridad no comenzó en el último semestre del 2018, no, señores, inició en el 2012 cuando a Rafael se le ocurrió iniciar su ridícula campaña presidencial con cargo al erario de Puebla y patrocinada por el narco.
Así de claro.
No hay pretextos ahora sí.
La granada de la inseguridad en Puebla está en las manos de Barbosa.
¿Podrá desactivarla?
El tiempo apremia.
