Bomba de tiempo
Mucho tendrán que explicar las autoridades federales, estatales y municipales encargadas de sus respectivas áreas de protección civil en lo que respecta a la supervisión de empresas, las cuales representan un alto riesgo en sus operaciones para sus trabajadores y para los ciudadanos, en general.
Sin ser un experto en el tema es evidente que aquellas compañías que utilizan energía eléctrica, gas, petróleo, gasolina, diésel, alcohol, metanol, pólvora y todo tipo de sustancia flamable deben ser supervisadas y monitoreadas con lupa.
De lo contrario, podría repetirse la desgracia ocurrida en días pasados en la empresa, Gas Pronto, SA de CV, propiedad del Grupo Tomza.
El trabajo de los encargados de Protección Civil, ciertamente, es muy complejo en ese sentido; sin embargo, se debe garantizar la integridad física de los poblanos que se emplean para empresas que ponen en riesgo sus vidas y que representan una verdadera bomba de tiempo para la entidad.
Es lamentable que como siempre ya ahogado el niño los responsables de meter en cintura a las empresas que operan de manera irregular quieran tapar el pozo.
Y lo peor es que aquel barrizal ponga en riesgo las vidas, no sólo de una persona, sino de cientos o miles de familias.
Si la empresa gasera no operaba bajo las normas de seguridad necesaria, tal como lo afirman las autoridades federales, ¿entonces por qué seguía trabajando?
Y más aún, ¿por qué lo permitieron esas propias autoridades -federales y estatales-?
Hay que reconocer que en estos casos ni el gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas, ni el edil capitalino, Eduardo Rivera Pérez, tienen culpa, sino más bien sus encargados del área de Protección Civil son los responsables del caso.
Y lo mismo sucede con las autoridades federales.
Lo que sí debe ponerse en la mesa de la discusión es el trabajo que efectúan personajes como Jesús Morales Rodríguez, director de Protección Civil en el Estado, y Luis Gustavo Ariza Salvatori, encargado de la misma área, pero en el municipio de Puebla.
Al primero, el gobernador poblano tendrá que exigirle un trabajo más intenso, porque cuenta con la suficiente experiencia como funcionario en el ramo para mantener el control de este tipo de sucesos.
Y al segundo, el edil capitalino, tendría que advertirle que su administración tiene que tratar de cerrar con broche de oro en los rubros que más se puedan, porque los temas de la inseguridad y los baches han acabado con su credibilidad como gobernante.
Digo, porque según algunas cifras en Puebla se registraron, de enero a la fecha, mil 100 robos a casas-habitación y 85 atracos a cuentahabientes.
Ojalá que la Secretaría General de Gobierno, a cargo de Luis Maldonado Venegas, haga lo propio y demuestre por qué es el segundo funcionario al mando en la estructura del actual gobierno.
No sea que suceda lo que dice el dicho: “Mucho ruido y pocas nueces”.
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* La soberbia de Paredes
Por su soberbia y altanería, Ricardo Paredes Solorio, aún director de la Facultad de Administración de la BUAP, el último resquicio que quedaba del agüerismo, tuvo que declinar sus aspiraciones para reelegirse y mantenerse por un periodo más como el mandón de la unidad académica que ahora tendrá que dejar dentro de muy poco.
El haber intentado ignorar y enfrentar al rector de la BUAP, Alfonso Esparza Ortiz, le valió su salida de la contienda en la que prácticamente ha quedado apostada Lilia Vázquez Martínez, quien será la próxima directora de la Facultad de Administración.
Y aunque la beneficiada con la declinación de Paredes Solorio ya no tendrá problema, ni obstáculo alguno para convertirse en nueva directora, sí tendrá que hacer muchos méritos y trabajo fino para poder controlar la que será su nueva facultad.
Habrá que ver cómo es el camino que tendrá que cruzar Lilia Vázquez para encumbrarse como directora de Administración, tomando en cuenta que los grupos de académicos, personal administrativo y hasta de los alumnos son ajenos a ella.
Y aunque no cuenta con la simpatía de casi toda la facultad, es cierto que tampoco desconoce el territorio, toda vez que los cargos que ha desempeñado en los últimos años son los siguientes: Sustituir al director en sus ausencias no mayores a noventa días, fungir como secretaria del Consejo de Unidad Académica, coordinar las actividades de los miembros del personal académico y supervisar su desempeño, apoyar y coordinar la formulación de los planes, programas y proyectos académicos de la unidad, formular la programación académica de la unidad y coordinar las actividades concernientes a la evaluación académica.
Lo que sí está claro es el mensaje enviado por el rector, Alfonso Esparza, quien le cortó la cabeza a Ricardo Paredes y terminó con uno de los hombres más fuertes que aún mantenía el agüerismo en la BUAP.
Así que como dijera el dicho para aquellos viejos funcionarios que aún se mantienen en la benemérita institución: “Si ves las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”.
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