Barbosa, el sueño de la gubernatura
No hay que echar en saco roto la versión del proyecto político y las intenciones del poderoso coordinador del grupo parlamentario del PRD en el Senado, Luis Miguel Barbosa Huerta, quien ha sabido jugar con fuego sin calentarse las manos, ni mucho menos quemarse.
Barbosa, mantiene igual una excelente relación con el gobierno de la República, con el PRI y con el presidente, Enrique Peña Nieto, que con la administración estatal, el PAN y el gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas.
Juega con el agua y el aceite.
Sus acciones y movimientos están calculados, premeditados y parecen las jugadas de un tablero de ajedrez.
El líder de la corriente de “Los Chuchos” ha sabido ser muy hábil y esto le ha permitido llegar hasta donde está, en las grandes ligas de la polaca.
Es, sin duda, un político muy polémico que ha crecido a tal grado de tomar decisiones importantes como representante de su partido, por lo que tampoco habría que descartar que en una de esas Barbosa pudiera aspirar a la dirigencia nacional del sol azteca y lograrla.
Sin embargo, la meta del perredista a mediano plazo es lograr la candidatura por el PRD a la gubernatura del estado.
Su logro a corto plazo, hay que decirlo, es el que parece ya haber superado Barbosa, controlar todo el grupo parlamentario perredista en el Congreso de la Unión; mientras que el planeado a largo plazo es, precisamente, hacerse de la gubernatura y de las llaves de Casa Puebla.
Un proyecto que, por supuesto, sí le quita el sueño.
Está claro que Babosa ha ido de menos a más.
Sin temor a equivocarme al senador le aplica aquel dicho popular que a la letra dice: “No tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre”.
Al final, las críticas en su contra han quedado en el aire y el viento las ha dispersado, él está como siempre, metido en lo suyo.
Y es que además de haberse catapultado a las grandes ligas de la política nacional, Barbosa, se convirtió en líder nacional de la corriente de “Los Chuchos”, la Nueva Izquierda (NI), en consejero nacional, en asesor de la dirigencia de su partido en el país y en senador de la República.
Es, además, el dueño, amo y señor de la franquicia del PRD poblano, donde impuso a su escudero más fiel, Eric Cotoñeto Carmona, diputado local.
Perversidad o como quieran llamarle a la estrategia política de Luis Miguel Barbosa, pero ésta siempre le ha dado resultados. Desde que llegó a Puebla de su natal Tehuacán la vida y la política le han sonreído, le han dado todo.
Tal vez por eso quiera ponerle la cereza a su pastel o el cascabel al gato, logrando la gubernatura del estado en un momento dado.
Y quién sabe, pero en Puebla, en esta política aldeana pasada a profesional, todo puede suceder.
Por lo pronto ya opera todo el interior del estado a través de la dirigencia estatal y de Cotoñeto, quien digan lo que digan mantiene a raya a los perredistas poblanos, a los más críticos, en particular.
Y sí, dicen que el proyecto de Barbosa va en serio.
Algo que hay que destacar es el papel que juega el mandatario poblano en la atmosfera del perredista, toda vez que parecen haber pactado, negociado o intercambiado acuerdos que los encumbren a ambos.
¿O a nadie le resulta extraño que Barbosa quiera la gubernatura y Rafael Moreno Valle lo adorne?
¿Pacto o simple coincidencia?
En lo personal creo que la jugada de tres bandas que pretende el Ejecutivo poblano, junto con Barbosa, es de un tirador profesional.
Y si no imagine usted el escenario:
A cambio de la oportunidad de disputar la gubernatura del estado -con la clara posibilidad de ganarla gracias a un acuerdo- Rafael Moreno Valle lograr aliar al PRD o a la mayoría de sus tribus, a su proyecto nacional, al presidencial.
¿A poco esto le suena extraño?
A mí no, más bien me recuerda 2010.
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