Reto Diario | Noticias de Puebla
Garganta Profunda

Armenta Mier: Operación 2027

Nadie, por más poderoso que sea, puede comerse solo el pastel; hay que repartir porque solo repartiendo, se generan equilibrios y consensos internos

Foto: Especial
Foto: Especial

En política nada, absolutamente nada, es casualidad. Todo tiene un objetivo, un fondo, una razón de ser, una explicación… En 2024, todos los grupos –o tribus– de Morena en Puebla se pusieron de acuerdo y, en una mesa presidida por el entonces candidato a la gubernatura, el hoy mandatario Alejandro Armenta Mier, se repartieron el pastel electoral en juego. A todos, a todas, tocó su o sus rebanadas en forma de senadurías, alcaldías, diputaciones locales o federales, regidurías… Nadie se quedó fuera del juego del poder. Y nadie se dijo insatisfecho. ¿Para qué otra cosa es la política?

En esa coyuntura, el que se perfilaba como grupo hegemónico en Morena Puebla, entendió algo que solo se entiende con el tiempo, con los éxitos, con los fracasos: nadie, por más poderoso que sea, puede comerse solo el pastel. Hay que repartir porque solo repartiendo, se generan equilibrios y consensos internos que resultan indispensables y que permiten, a su vez, alcanzar, conservar y extender el bendito poder.

Es precisamente en este contexto que hay que entender (y leer) las reuniones –tanto públicas como privadas– que Armenta Mier ha sostenido al menos desde agosto pasado –y a la fecha– con distintos líderes morenistas, cada uno, cada una, con su respectivo capital político y sus correspondientes intereses políticos personales y de grupo.

Ya desfilaron por esa nueva pasarela: Sergio Salomón Céspedes Peregrina, José Chedraui Budib, Claudia Rivera Vivanco, Olivia Salomón Vibaldo, Alejandro Carvajal Hidalgo, Rodrigo Abdala Dartigues y –ayer, en el Senado– “el primo incómodo”, Ignacio Mier Velazco (por mencionar, digamos, a los más relevantes y significativos, o que algo representan en el juego del poder).

No han sido reuniones casuales ni para tomar el té. Se trata de reuniones en las que se ha negociado, como en 2024, la repartición del nuevo pastel, ahora para 2027: alcaldías y diputaciones locales y federales.

¿Cómo conciliar los deseos de 01 con los de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo –que lleva mano, aunque algunos desinformados todavía lo pongan en duda– y con los de los distintos liderazgos que convergen en la 4T poblana? Y, sobre todo, ¿cómo hacerlo sin rupturas, sin fracturas que, aunque enfrente no haya una oposición real o competitiva, no pongan en riesgo lo que se posee: el control político del estado?

Armenta Mier no es un político improvisado. No llegó a la gubernatura sin saber que la política es, básicamente, un arte. No siempre el arte de “tragar sapos sin hacer gestos”, sino el arte de la negociación: el dar para recibir, en un proceso de ida y vuelta, en el que nadie, absolutamente nadie se queda o huérfano o con las manos vacías. Está visto: es el modelo que funciona.

Todos aquellos gobernadores que han pretendido comerse todo el pastel solos, han fracasado estrepitosamente. Basta ver un poco hacia atrás para confirmarlo. Así que “lo que se ve no se juzga” y, en ese sentido, todo parece indicar que Alejandro Armenta Mier lo entiende a la perfección y ha puesto, como diría el clásico, “manos a la obra”.

El resultado de tales negociaciones ya es otra cosa, otra película, pero no tardaremos en conocerlo. Simplemente por, hasta hoy, en política, nadie ha logrado encontrar la fórmula para tapar el sol con un solo dedo.