Alistan la guillotina política
Los días que restan a los actuales presidentes municipales para dejar sus cargos son los más difíciles de sus trienios, y se convierten en un periodo estresante, no por lo que hicieron o lo que dejaron a medias, sino por la incertidumbre de sus futuras vidas políticas.
Sin embargo, hay dos casos en los que vivirán los peores días de sus carreras políticas, porque las condiciones en las que dejan sus gobiernos los colocan en una situación vulnerable ante sus rivales.
Me refiero en particular a Dolores Parra, aún presidenta municipal de San Pedro Cholula, y a Eduardo Rivera Pérez, todavía alcalde de Puebla.
La primera sabe que su calvario político empezará desde el momento en que José Juan Espinosa rinda protesta como presidente municipal de San Pedro Cholula.
Cuentan que el equipo de trabajo de José Juan Espinosa tiene la firme tarea de buscar hasta en el último cajón las irregularidades, excesos y cualquier anomalía cometida por la mujer que lo traicionó y exhibió mediante una grabación con la que pretendió terminar con su carrera política.
Dolores Parra depende de que el gobernador, Rafael Moreno Valle, salve su cabeza de la hoguera que tiene preparada José Juan Espinosa.
La única salida visible que le queda a Dolores Parra será convencer al mandatario de que es una opción viable para disputar la candidatura a la diputación federal por el Distrito de Cholula, ya que de lo contrario no existirá poder humano que frene la revancha política de José Juan Espinosa.
Y el caso de Eduardo Rivera Pérez es aún más dramático, porque desde el momento en que Antonio Gali Fayad pise la oficina de la Presidencia Municipal de Puebla terminará la simulada tregua entre ambos.
La buena voluntad y promesas de Tony Gali jamás estarán por encima de los intereses y proyectos del mandatario, Rafael Moreno Valle, y en ellos no aparece en ningún lado Eduardo Rivera Pérez.
El morenovallismo, en el que está incluido Tony Gali, no perderá la oportunidad de enterrar la debilitada carrera política de Eduardo Rivera para dejarle en claro que debe borrar de su mente la candidatura a la gubernatura.
Si Eduardo Rivera no entiende el mensaje, entonces, la aplanadora morenovallista podrá elegir la forma, el momento y las circunstancias para exhibir las anomalías que encuentre en los últimos dos años de la gestión de Rivera Pérez.
Los morenovallistas tendrán al contralor, al titular de la Auditoría Superior del Estado y al Congreso para frenar las veces que sean necesarias las aspiraciones de Eduardo Rivera.
La pesadilla aún no inicia para Dolores Parra y Eduardo Rivera.
Pero ya no falta mucho para que comience.
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@gomezcarlos79
