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Cuitlatlán

A Patrón Wong lo mandaron a Puebla por su afinidad con el arzobispo saliente

Se buscó que el relevo recayera en alguien que garantice mantener el estado de estabilidad de la Arquidiócesis de Puebla

Víctor Sánchez Espinosa, administrador apostólico de la Arquidiócesis de Puebla, y Jorge Carlos Patrón Wong, próximo arzobispo de Puebla. Foto: Especial
Víctor Sánchez Espinosa, administrador apostólico de la Arquidiócesis de Puebla, y Jorge Carlos Patrón Wong, próximo arzobispo de Puebla. Foto: Especial

Durante varios meses se barajaron los nombres de cuatro obispos para encontrar al sucesor de Víctor Sánchez Espinosa al frente de la Arquidiócesis de Puebla. Al final se optó por Jorge Carlos Patrón Wong por una característica especial: es el que tiene mayor identidad y cercanía con la línea pastoral y política que, a lo largo de 17 años, desarrolló el actual prelado poblano, que está a punto de terminar su vida activa como jerarca de la Iglesia católica.

La Arquidiócesis de Puebla, ante los ojos del Vaticano, ha sido vista en las últimas décadas como un ejemplo de correcta conducción. Se ha logrado mantener un sano equilibrio entre los sectores liberales y ultraconservadores que conviven en el clero católico.

Y, sobre todo, ha estado al margen de los grandes escándalos que están consumiendo la credibilidad y confianza de la Iglesia católica, como son los casos de pederastia, el enriquecimiento de sus miembros y el que sus dirigentes se relacionen con los intereses de la clase política dominante.

Por tanto, se buscó que el relevo recayera en alguien que garantice mantener ese estado de estabilidad de la Arquidiócesis de Puebla, que es un logro de dos figuras:

Primero con Rosendo Huesca y Pacheco, quien fue arzobispo por 32 años, supo contribuir a apaciguar la confrontación que había entre los sectores liberales y conservadores de la sociedad poblana en las décadas de los años 70 y 80 del siglo pasado.

Marcó una notable distancia con la actitud extremista de su antecesor, Octaviano Márquez y Toris, que a lo largo de 25 años convirtió los púlpitos de las iglesias en centros de propaganda de la extrema derecha.

Huesca sabía capotear a los gobiernos del PRI, la izquierda universitaria y la extrema derecha poblana, instalada en los organismos empresariales, varias instituciones educativas, el PAN y El Yunque.

Se mantuvo conciliador con los priistas. Era tolerante con la izquierda. Y nunca se volvió parte de la extrema derecha.

Años más tarde, a partir de 2009, Víctor Sánchez Espinosa inició un mandato con un perfil más cercano a la izquierda. Marcó distancia de la derecha yunquista, sin confrontarse. Cerró, sin conflictos, el ciclo del PRI como fuerza política dominante.

En alguna ocasión, reconoció ante un grupo de periodistas, que el peor conflicto que había enfrentado como jefe de la Iglesia católica fue un desencuentro con el panista Rafael Moreno Valle Rosas, siendo este último gobernador del estado.

Sánchez Espinosa le solicitó en varias ocasiones a Moreno Valle  una exención de impuestos al Banco de Alimentos, que es un organismo que ayuda a más de 100 mil personas en condiciones de extrema pobreza, lo cual derivó en que el líder religioso recibiera amenazas de Eukid Castañón Herrera, quien era el principal operador político del morenovallismo.

Aunque Espinosa y Huesca han sido personajes con personalidades, estilos y concepción del trabajo pastoral muy diferentes, tenían algo en común: nunca se involucraron con las élites para adquirir poder político y económico. Que es una situación que domina en el actuar de muchos prelados en México, como fueron los casos de Norberto Rivera Carrera u Onésimo Cepeda Silva.

Por eso desde el Vaticano –se dice– se buscó encontrar a un sucesor de Sánchez Espinosa que mantenga el correcto equilibrio entre los miembros de la Iglesia católica y que no sea alguien cercano a los intereses de las elites del poder político y económico.

En ese sentido, brotaron los nombres de cuatro obispos que podían ajustarse a esa línea. Ellos eran: Dagoberto Sosa Aguirre, Jorge Carlos Patrón Wong, Eugenio Andrés Lira Mora y Francisco Javier Martínez. El primero obispo de Tlapa, Guerrero; el segundo, de Xalapa, Veracruz; el tercero de Reynosa, Tamaulipas, y el cuarto es obispo auxiliar en Puebla.

Dagoberto Sosa Aguirre ha sido un fuerte defensor de las comunidades indígenas y de los derechos humanos. El problema que había con él es que ya está cerca de la edad del retiro.

Eugenio Lira es muy cercano a la jerarquía del Vaticano y siempre ha querido ser arzobispo de Puebla. No le ayudó que es alguien muy relacionado con la derecha y los grupos empresariales.

Francisco Javier Martínez es el más joven de los cuatro, pues apenas rebasa los 50 años, pero tiene poca experiencia en conducir una arquidiócesis tan grande, compleja e importante como la de Puebla.

Y, en cambio, Jorge Carlos Patrón Wong es un personaje experimentado con altos cargos en el Vaticano en la formación de sacerdotes y el análisis de la realidad latinoamericana.

Como obispo, primero de Papantla y después de Xalapa, Veracruz, fue un prelado con posiciones críticas hacia los gobiernos locales, pero sin confrontarse ni relacionarse con los intereses de la clase política. Esos fueron los bonos que le ayudaron para ser designado como próximo arzobispo de Puebla.