Espino explica razones de la denuncia contra Gali
Les escribo ya no como compañero de partido, pero sí como compañero de causas y de formación humanista, reconociendo que desde diversas trincheras muchos compartimos aún el anhelo de un México justo y democrático.
Tras la denuncia que interpuse contra de Antonio Gali Fayad por su palmario enriquecimiento ilícito, panistas de Puebla me han cuestionado, por lo que quiero explicarles mis razones
Para comenzar, aclaro que no se trata de una acción que haya emprendido a título personal: es una encomienda del movimiento Volver a Empezar (VAE) en mi calidad de coordinador nacional.
Deliberando con plena libertad de expresión, hace ya más de un año la Asamblea Nacional de Líderes de VAE decidió coadyuvar con el gobierno en el combate a la corrupción, fuera quien fuera el presidente de la República. Esa decisión se refrendó colegiadamente hace unas semanas, porque reconocemos en la corrupción el principal problema de México, del cual surgen o se nutren todos los males de la patria.
En congruencia, asumimos la tarea de recabar información sobre personajes símbolo de corrupción, independientemente de su filiación partidista. Por ser VAE un organismo no electoral, sino ciudadano, comparte la indignación de una sociedad harta de los Moreira, de los Granier, de los Yunes, de los Nava, de los Bejarano, de esa caterva que utiliza a todos los partidos y los desprestigia por igual, con una ambición ciega a ideologías.
Ya tenemos datos de personajes de diversos partidos. Los iremos compartiendo a la opinión pública y a las autoridades pertinentes una vez que los verifiquemos ciento por ciento.
En el caso de la demanda a Gali Fayad, ni siquiera se puede decir que vamos contra un panista: estamos combatiendo a un proyecto de poder de personajes de la peor ralea que se autonombran panistas, pero solo tienen una barnizada de azul. Quizá por ello, distinguidos poblanos miembros de Acción Nacional no son capaces de decir con la mirada firme que Gali Fayad es un hombre honesto.
Además, verificamos que él es tan solo la punta del iceberg; amasó su riqueza con una red de complicidades que podría tener entre sus encubridores a secretarios del gabinete de Rafael Moreno Valle, de quien es el consentido.
Incluso hay indicios que apuntan a la existencia de una red de secuaces de Elba Esther Gordillo que le habrían servido como lavadores de recursos o custodios de su inmensa fortuna ilegal, uno de los cuales podría ser el propio Moreno Valle, quien ha sido un “gordillista” del calibre de Yunes o Moreira.
De no corregirse el rumbo, Moreno Valle se convertirá en el Felipe Calderón de Puebla, pues se ocupa muy poco en gobernar para todos y demasiado en controlar férreamente lo que queda del PAN. Ojalá abandone este camino, porque no queremos que Moreno Valle deje a Puebla como Calderón dejó a México.
Tampoco queremos que Moreno Valle deje al PAN de Puebla como Calderón dejó al PAN de México: desmembrado, con una militancia anémica, con conflictos internos insalvables y muy lejos de la confianza del ciudadano.
En Acción Nacional existe la tradición de apoyar a todos los abanderados surgidos de procesos internos limpios y democráticos. En el caso de Gali Fayad, los militantes no están obligados en consciencia a tal deber, pues no es el candidato de los panistas, sino del gobernador y de la imposición; no representa la mística y los ideales del PAN y los intereses de los poblanos, sino las ambiciones del grupo de poder que hoy está en el gobierno.
El PAN de Puebla aún tiene una oportunidad de reconciliarse con la sociedad, pero para aprovecharla implica darle la espalda a simuladores como Gali Fayad y demostrar que mucho más que ganar una elección le importa combatir la corrupción y apostarse por la transparencia, pues el buen demócrata por su casa empieza.
